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EL EXILIO EN ROMA: LOS GRADOS DEL CASTIGO

F
Debo comenzar por agradecer sinceramente a los organizadores de esta reunión la invitación por la que se me ha incluido entre colegas tan distinguidos, responsables de relevantes contribuciones acerca de emigración e integración cultural en el mundo antiguo, así como del exilio, asunto del que ahora me dispongo a hablar. Conviene que advierta ante todo que el tema me surgió impensadamente, como consecuencia y distracción de mi actividad docente; por ello, dado que no soy especialista, espero que se me disculpen las carencias . A esta cuestión se han dedicado lógicamente unas cuantas páginas en los tratados de Derecho romano, especialmente penal , y en trabajos parciales de Derecho penal . Hay además * CEIPAC, Departament de Prehistòria, Història Antiga i Arqueologia, Universitat de Barcelona. E-mail: fmartin@ceipac.ub.edu 1 Sírvame esta confesión de excusa, por ejemplo, respecto de la bibliografía. Las listas bibliográficas de las notas 3-8 se ofrecen a título informativo. De ningún modo pretendo haber consultado todas las obras, aunque he visto la mayor parte. 2 TH. MOMMSEN, Römisches Strafrecht, Leipzig 1899, alude con frecuencia a los diferentes tipos de destierro (vid. en “sachliches Register” los ítems “deportation”, “exilium”, “interdictio”, “relegatio”, “verbannung”); dedica unas breves páginas (68-73) a quienes, por haber sido separados de la jurisdicción romana, habían dejado de ser sujetos del procedimiento penal romano; y, especialmente en el libro quinto, dedicado a las penas, se extiende por todo un capítulo (964-980), aparte de otras referencias en los demás. Son también repetidas las alusiones en su Römisches Staatsrecht, Berlin 1887. monografías centradas en el destierro en general o en alguna de sus particularidades . En otros casos el destierro de algunos personajes ilustres ha llamado la atención de los investigadores , en especial el de tres insignes hombres de letras , como Cicerón , sobre todo Ovidio y, en menor 3 E. LEVY, Die römische Kapitalstrafe (SHAW 5), Heidelberg 1930; J. SIBER, Analogie, Amtsrecht und Rückwirkung im Strafrecht der römischen Freistaates (Abh. Sächs. Ak. Wiss. 43, 3), Leipzig 1936; S. BORSACCHI, Sanctio e attività collegiale tribunizia in Cic., Att. 3, 23, 4, en Legge e società nella Repubblica romana, I, Napoli 1981, 439-483; R. PANKIEWICZ, Zu einigen verkannten Funktionen der frührömischen Opfern und Strafen, Eos 83, 1995, 133-140; I. JARAMAZ-RESKUSIC, Sustav kazni u rimskom pravu, Zbornik Zagreb 48, 1998, 545-575 (resumen en alemán e inglés, 573- 575). 4 L. M. HARTMANN, De exilio apud Romanos, Berlin 1887; F. HÄSLER, Über die Verbannung, Diss. Berlin 1935; H. KORNHARDT, Postliminium in republikanischer Zeit, SDHI 19, 1953, 1-37; G. CRIFÒ, Ricerche sull’ “exilium”, l’origine dell’istituto e gli elementi della sua evoluzione, Milano 1960, detallado estudio de la institución, también para la época republicana; L. E. GRASMÜCK, “Exilium”. Untersuchungen zur Verbannung in der Antike, Paderborn 1978; G. CRIFÒ, Exilia causa, quae adversus exulem agitur. Problemi dell’aqua et igni interdictio, en Du châtiment dans la cité, Table ronde, Rome, 9- 11 nov. 1982, Roma 1984, 453-497; G. CRIFÒ, L’exclusione dalla città : altri studi sull’ “exilium” romano, Perugia 1985, limitado al tiempo de la República; R. DEGL’INNOCENTI PIERINI, Ubi non sis qui fueris, non esse cur velis vivere. A proposito di una citazione in Cicerone, fam. 7, 3, 4, RFIC 126, 1998, 47-54; R. G. LEWIS, P. Sulpicius’ Law to Recall Exiles, 88 B. C., CQ 48, 1998, 195-199; X. LAFON, Les îles de la mer Tyrrhénienne: entre palais et prisons sous les Julio-Claudiens, en C. BERTRAND-DAGENBACH, A. CHAUVOT, M. MATTER, J. M. SALAMITO (eds.), Carcer. Prison et privation de liberté dans l’Antiquité classique, Paris 1999, 149-161. 5 G. SCHNAYDER, De exulibus et captivis tragicis, Eos 49, 1957-58, 35-63, examina las sagas de desterrados míticos. E. S. GRÜN, The Exile of Metellus Numidicus, Latomus 24, 1965, 576-580; S. KRESIC, Grandeur et misère de l’exil. Destinée de Marcellus exilé, d’après la correspondance de Cicéron, Revue de l’Université d’Ottawa 40, 1970, 290-314; J. C. RICHARD, Praetor collega consulis est. La lex Licinia de sodaliciis et l’exil de M. Valerius Messalla Rufus, MEFRA 95, 1983, 651-664; G. AMIOTTI, A proposito dell’immagine di P. Rutilio Rufo, en M. SORDI, L’immagine dell’uomo politico: vita pubblica e morale nell’antichità, Milano 1991, 159-167; A. D’HAUTCOURT, L’exil de Cassius Severus: hypothèse nouvelle, Latomus 54, 1995, 315-318; G. P. KELLY, The Attempted Exile of L. Hostilius Tribulus, Athenaeum 89, 2001, 229-235. 6 La expresión literaria de los sentimientos del desterrado es el objeto del estudio de E. DOBLHOFER, Exil und Emigration. Zum Erlebnis der Heimatferne in der römischen Literatur, Darmstadt 1987. Los destierros de Cicerón, Ovidio y Séneca merecieron atención conjunta de H. M. R. LEOPOLD, Exulum trias, sive de Cicerone, Ovidio, Seneca exulibus, Diss. Utrecht, publ. Gouda 1904; y, más recientemente, de J. M. CLAASSEN, Exile, Death and Immortality: Voices from the Grave, Latomus 55, 1996, 571-590. Los de Séneca y Ovidio, J. J. GAHAN, Seneca, Ovid and Exile, CW 78, 1985, 145-147. 7 N. J. HERESCU, Les trois exils de Cicéron. en Atti del Primo Congresso Internazionale di Studi Ciceroniani, Roma 1961, I, 137-156; R. SEAGER, Clodius, Pompeius and the Exile of Cicero, Latomus 24, 1965, 519-531; S. BORSACCHI, Sanctio e attività collegiale tribunizia in Cic., Att. 3, 23, 4, en Legge e società nella Repubblica romana, I, Napoli 1981, 439-483; PH. MOREAU, La lex Clodia sur le bannissement de Cicéron, Athenaeum 45, 1987, 465-492 ; J. M. CLAASSEN, Cicero’s Banishment: Tempora et Mores, ACD 35, 1992, 1-47 ; J. NICHOLSON, Cicero’s Return from Exile. The Orations “post reditum”, New York 1992; A. ROBINSON, Cicero’s References to his Banishment, CW 87, 1994, 475-480; E. NARDUCCI, Perceptions of Exile in Cicero: The Philosophical Interpretation of a Real Experience, AJPh 118, 1997, 55-73. 8 Sorprende que son bastantes los estudiosos que han llegado a dudar de la realidad del destierro de Ovidio: O. JANSSEN, De Verbanning van Ovidius, waarheid of fiktie?, en Uit de Romeinse Keizertÿd, Collectanea Franciscana Neerlandica VI, 3, 1951), 77-105 ; A. D. FITTON BROWN, The Unreality of Ovid’s Tomitan Exile, LCM 10, 2 , 1985, 19-22; G. D. WILLIAMS, Banished Voices. Readings in Ovid’s Exile Poetry, Cambridge 1994. La postura contraria, más habitual, por lógica, es mantenida por el resto de autores, muchos de los cuales se detienen en refutar a los anteriores con argumentos suficientemente probatorios: R. HEINZE, Ovids elegiesche Erzählung, BSAW 71, 1919, 1-130 ; R. VULPE, Ovidio nella città dell’esilio, en Studi Ovidiani, 1959, 39-62; R. SCHILLING, Ovide et sa muse ou les leçons d’un exil, REL 50, 1973, 205-211; R. DEGL’INNOCENTI PIERINI, Echi delle elegie ovidiane dall’esilio nelle consolationes ad Helviam e ad Polybium di Seneca, SIFC 52, 1974, 109-143 ; H. FROESCH, Ovid als Dichter des Exils, Abh. zur Kunst, Musik und Literaturwiss. 218, 1976, 79-81 ; F. LECHI, La palinodia del poeta elegiaco. I carmi Ovidiani dell esilio, A&R 22, 1978, 1-22; B. NAGLE, The Poetics of Exile. Program and Polemic in the Tristia and Epistulae ex Ponto of Ovid, Bruxelles 1980; E. DOBLHOFER, Ovids Exilpoesie: Mittel, Frucht und Denkmal dichterischer Selbstbehauptung, AU 23, 1980, 59-80; ID., Ovids Abschied von Rom: Vefrsuch einer Modelinterpretation, ibid. 81-97; M. BONJOUR, Roma interdicta: Transgression de l’interdit dans les Tristes et les Pontiques d’Ovide, en J. M. FRÉCAUT, D. PORTE (eds.), Journées Ovidiennes de Parménie. Actes du Colloque sur Ovide (24-26 juin 1983), Bruxelles 1985, 9-23; J. M. CLAASSEN, Poeta, exsul, vates: a Stylistic and Literary Analysis of Ovid’s Tristia and Epistulae ex Ponto, Diss. Stellenbosch 1986; W. W. medida, Séneca , a menudo más por las consecuencias sobre la fama de aquellos romanos que soportaron la penalidad y por las vivencias personales bien plasmadas en sus escritos, que por interés jurídico. En cuanto a mi intervención, no pretende otra cosa que un breve repaso a la terminología romana utilizada para designar el destierro y apuntar la evolución de algunos de los significados. 1. Lo que en español llamamos “destierro” se refleja en latín con unas cuantas palabras de
significado diferente. Cuando nosotros hablamos de destierro entendemos el alejamiento forzoso del lugar de residencia, normalmente como resultado de una condena judicial o de la decisión de un mandatario. Este alejamiento forzoso puede ser en latín una ablegatio, amandatio, deportatio, eiectio, exulatio (lo que produce el exilium), expulsio, relegatio. Al así obligado se le llama por tanto con los participios de los verbos a que corresponden estos sustantivos de acción, además de exul y extorris. Varias de estas situaciones comportan además la aqua et igni interdictio. Por último, fuga es la conducta a la que se ve obligado el así castigado. En todo caso, un rasgo común de estos vocablos es que, cuando designan un castigo, éste corresponde a un delictum o crimen . Como suele ocurrir en el preciso lenguaje jurídico de los romanos, el empleo de una u otra de estas palabras no depende del gusto o albedrío de quien las utiliza, sino, de las diferencias reales que hay entre unas y otras. 2. Puesto que es limitado el espacio que aquí se me ha concedido, pasaré por alto aquellos
términos de uso restringido y no técnico. Tampoco me extenderé en los que tienen un significado más genérico, como ablegatio, amandatio y eiectio. Ablegare es “alejar”, a veces incluso para salvar. Los romanos quieren a Aníbal ablegatus eo unde nec ad nos nomen famaque eius accedere neque ille sollicitare quietae civitatis statum possit (LIV. 21.10.12). Pero también, cuando en 209 a. C. se rebelan algunas de las colonias latinas contra Roma durante la guerra de Aníbal, los latinos rebeldes se sienten exiliados (LIV. 27.9.3): Fremitus enim inter Latinos sociosque in conciliis ortus. magis perire sibi civem qui ab Romano miles lectus sit quam qui ab Poeno captus: quippe ab hoste gratis remitti in patriam, ab Romanis extra Italiam in exsilium verius quam in militiam ablegari. Amandare es también “alejar”, normalmente con sentido negativo, como cuando se expulsa a Catón, de quien Cicerón (Dom. 65 y 66) dice que fue amandatus, aunque puede que no sea más que un recurso literario como variatio de relegare y expellere, usados en los mismos pasajes probablemente como sinónimos de exulare. Servio, el comentador de Virgilio (Ad Aen. 3.50) es claro al respecto: “Mandarat” est amoris, “amandarat” vero odii est. Et amandare est sub specie legationis aliquem relegare. EHLERS, Poet und Exil: Zum Verständnis der Exildichtung Ovids, A & A 34, 1988, 144-157; J. M. CLAASSEN, Ovid’s Poems from Exile. The Creation of a Myth and the Triumph of Poetry, A & A 34, 1988, 158-169; J. RICHMOND, The Latter Days of a Love Poet. Ovid in Exile, Classics Ireland 2, 1995, 97-120, a partir de los escritos del poeta, acumula tantos detalles de su destierro que no pueden ser otra cosa que la demostración palmaria de su veracidad; P. J. JOHNSON, Ovid’s Livia in Exile, CW 90, 1997, 403-420; P. A. ROSENMEYER, Ovid’s Heroides and Tristia: Voices from Exile, Ramus 26, 1997, 29-56; J. M. CLAASSEN, The Vocabulary of Exile in Ovid’s Tristia and Epistolae ex Ponto, Glotta 75, 1999, 134-171. 9 P. MEINEL, Seneca über seine Verbannung, Bonn 1972. 10 Suele entenderse por crimen la acción punible cometida contra la comunidad, a la que, según su gravedad, puede corresponder desde la pena de azotamiento hasta la muerte. Estrictamente el delictum es cometido contra el individuo, pero el término se ha extendido también a los delitos públicos. Eicere es “echar fuera de algún lugar”. Se utiliza con frecuencia para referirse a los senadores expulsados del senado por su conducta indigna. Pero también en el sentido de echar fuera de Roma, con frecuencia acompañado del complemento in exilium . Otras veces con el complemento vi, como en la denominación de la lex Sulpicia de revocandis vi eiectis, de 88 a. C., por la que se permitía regresar a los que habían sido desterrados por Mario; la expresión sería “indicativa de la ilegitimidad sustancial del exilium”, según Crifò , mientras que, para Lewis , Sulpicio habría tratado de evitar incongruencias con la sustitución de exsulibus por vi eiectis, de acuerdo con la explicación de Cicerón: Velut Sulpicius, qui intercesserat ne exules quibus caussam dicere non licuisset reducerentur, idem posterius immutata voluntate, cum eandem legem ferret, aliam (vel alio) se ferre dicebat propter nominum commutationem; nam non exules sed vi eiectos se reducere aiebat. Proinde quasi id fuisset in controversia, quo illi nomine appellarentur, aut proinde quasi non omnes, quibus aqua et igni interdictum est exules appellentur (Cic. Rhet. Her. 2.28.45). 3. De todas estas palabras la más utilizada y repetida por las fuentes es exilium, también la
más antigua, cuyo origen se pierde en el derecho gentilicio, único vigente en los tiempos oscuros de la Monarquía. De acuerdo con Crifò , en origen el exilium se explica únicamente como una actuación libre del individuo en el ámbito gentilicio, como simple migratio, como protesta ante alguna medida de los conciudadanos o por desacuerdo con ellos, o como huída al lugar de procedencia de la gens, en todo caso en busca de protección que ha de obtenerse bien de la propia gens originaria del exiliado, bien de una nueva. Dado que en principio es un acto libre obrado en el marco de las relaciones gentilicias, en principio el exilium no conlleva la pérdida de ciudadanía. En la evolución de esta institución dos factores configurarán sus nuevos límites y funciones: por un lado las relaciones con los pueblos aliados, en cuanto que a los vínculos entre gentes, que pervivirán incluso en la república patricio-plebeya, se añaden paralelamente los foedera con dichos pueblos; en segundo lugar la evolución de las relaciones patricio-plebeyas. De este modo, una institución que en sus orígenes actuaba en virtud de relaciones gentilicias lo va a hacer en virtud de las relaciones entre cives que tengan necesidad de acogerse a ella y, al mismo tiempo, se convertirá en un arma esgrimida, también por los plebeyos, en las confrontaciones políticas internas . Entonces se convierte en un castigo muy grave, equiparable a la pena capital. Desde que a comienzos de la República empiezan a regularse los derechos y los deberes de los componentes de la comunidad patricio-plebeya, el exilium es realmente un castigo por un crimen, medida por la que se obligaba a cambiar de residencia (loci commutatio, dice Séneca, Dial. 12.6.1), es decir, a salir fuera de Roma a los perturbadores de la paz y la convivencia. 11 Acompañado de exilium: CIC. Catil. 2.13; 2.14; 2.15; Parad. 4.32. Con complemento del tipo ex urbe, e civitate, e patria: CIC. Catil. 3.3; Sest. 57.1; Pis. 95.9; Ep. Oct. 8.13; LIV. 35.50.4; NEP. Vit. Pel. 1.4; 3.3. Sin complemento: CIC. Rhet. Her. 2.45; ASCON. Pis. 15.16; LIV. 31.29.11. 12 G.CRIFÒ, Ricerche sull’ “exilium”., p. 67. 14 G. CRIFÒ, Ricerche sull’ “exilium”., 6-22; en p. 6, n. 8, hace un análisis pormenorizado sobre la larga discusión acerca de la etimología de la palabra exilium. 15 G. CRIFÒ, Ricerche sull’ “exilium”., 35-39. 16 H. KORNHARDT, Postliminium., esp. 11-20. Cierto que la pena capital por excelencia es el summum supplicium, la condena a muerte, pero funciona desde entonces la facultad de evitar esta pena y sustituirla por el exilium , especialmente cuando se trata de personajes notables . Es de este modo una especie de amnistía que otorga al procesado la oportunidad de seguir viviendo y, al mismo tiempo, un derecho con el que evitar el summum supplicium, que es la condena a muerte. Por eso los escritores, especialmente los que sufrieron destierro, lo definieron tantas veces como el equivalente virtual de la muerte . En los inicios del régimen republicano, el derecho de elegir corresponde al procesado antes de que se dicte sentencia y en caso de que el procesado espere ser condenado a pena capital. Hay, pues, un reconocimiento de la culpa por parte de su autor, que, voluntariamente, opta por el destierro. En suma, el exilium es un subterfugio para sustraerse a consecuencias más graves . Al final de la República ya no es el procesado el que elige antes de la condena, sino cuando ya se ha pronunciado sentencia condenatoria. De cualquier forma, el quebrantamiento del destierro podía ser sancionado con la muerte, por lo cual estaba garantizado por la aqua et igni interdictio , que, mientras fuera efectiva, imposibilitaba el retorno del desterrado al impedirle utilizar el agua y el fuego dentro de los límites de los que había sido expulsado y prohibir que nadie le facilitara tales elementos en caso de que, violando su condena, regresara. Esto de no proteger al desterrado era tomado muy en serio incluso dentro de los límites en que había sido confinado. 4. Tito Livio nos presenta al rey macedonio Perseo que, reprochado por los embajadores
romanos por haber dado muerte a Artetauro del Ilírico, se defendió diciendo que lo único que había hecho había sido acoger como exiliados en su reino a los culpables: cuius condicionis iniquitatem ita non sum recusaturus, sigue diciendo Perseo, si vos quoque accipitis, ut, quicumque exules in Italiam aut Romam se contulerunt, his facinerum, propter quae damnati sunt, auctores vos fuisse fateamini… Quid adtinet cuiquam exilium patere, si nusquam exuli futurus locus est? (LIV. 42.41.6-7); cierto que en este caso no se trata de un exilio romano, por lo que no hay límites señalados, lo que hace que los desterrados sean acogidos por Perseo. No es difícil que exilium terminara entendiéndose como la exclusión del acceso a plenos derechos ciudadanos, civitatis amissio (ULP. Dig. 48.19.2 pr.) . Ambas privaciones, la de residencia y la de ciudadanía, se combinan en la reflexión de Cicerón: Nam quod ad exsilium attinet, perspicue intellegi potest quale sit. Exsilium enim non supplicium est, sed perfugium portusque supplici. Nam quia volunt poenam aliquam subterfugere aut calamitatem, eo solum 17 J. SIBER, Analogie, Amtsrecht und Rückwirkung., 55 ss.; G. CRIFÒ, Ricerche sull’ “exilium”., 52 ss. y nota 159, entra en discusión con SIBER acerca de si se trata de amnistía o de gracia del magistrado; vid. también ID., L’esclusione dalla cità., p. 14. 18 Correctamente advierte G. CRIFÒ, Ricerche sull’ “exilium”., 54 ss., que durante mucho tiempo son patricios los magistrados que juzgan a quienes son acusados por la plebe; pero por otro lado el instrumento funcionará durante la lucha política siempre que ambas partes, patricios y plebeyos, desempeñen su papel, derivado del pacto que se remonta a la creación de los tribunos de la plebe. 19 Cf. J. M. CLAASSEN, Exile, Death and Immortality., 571-590. 20 La sustitución de la pena de muerte fue la única causa de destierro voluntario que hubo durante la República, hasta la lex Tullia de Cicerón, en el año 63 a. C., cuando se añadió una nueva causa de exilio voluntario: el que se producía para sustraerse a multas tan graves que podían arruinar al condenado, quien, de este modo, salvaguardaba su dignidad y sus bienes saliendo de Roma sin tener que pagar tal cantidad. 21 G. CRIFÒ, Ricerche sull’ “exilium”, 71-86. Para el caso de Ovidio, vid. M. BONJOUR, Roma interdicta. 22 Otra variante de esa interdictio es la expresada por Séneca, Con. Exc. 6.2: exulem tecto et cibo iuvare ne liceat. 23 E. LEVY, Die römische Kapitalstrafe, 325-378. vertunt, hoc est sedem ac locum mutant. Itaque nulla in lege nostra reperietur, <ut> apud ceteras civitates, maleficium ullum exsilio esse multatum; sed cum homines vincula, neces ignominiasque vitant, quae sunt legibus constitutae, confugiunt quasi ad aram in exsilium. Qui si in civitate legis vim subire vellent, non prius civitatem quam vitam amitterent. Nam, cum ex nostro iure duarum civitatum nemo esse possit, tum amittitur haec civitas denique, cum is qui profugit receptus est in exsilium, hoc est in aliam civitatem (CIC. Caec. 100). Por el contrario no hay cambio de residencia, aunque se habla de exilium y relegatio, en el pasaje en que Tito Livio nos refiere la defensa que hace Canuleyo de los matrimonios mixtos, valiéndose de las siguientes palabras: An esse ulla maior aut insignitior contumelia potest quam partem civitatis velut contaminatam indignam conubio haberi? quid est aliud quam exsilium intra eadem moenia, quam relegationem pati? (LIV. 4.4.6). En todo caso el exilium, como pena capital, es algo terrible: Quid relinquitur quod extimescendum sit? exilium, credo, quod in maxumis malis ducitur (CIC. Tusc. 5.106). At vestem ac domum desideraturus est exsul, dirá Séneca más tarde (Dial. 12.11.1). Mitigar la dureza del exilio es lo que desearía Ovidio, que añora un destierro más suave y cómodo (OV. Pont. 2.8.72), para quien estar más cerca le parecería un alivio (OV. Tr. 2.1.185; 4.4.51); quis enim mihi tam sit iniquus optet ut exilium pace carere meum? dice en otra ocasión (OV. Pont. 3.1.38). En cambio, Galión, en tiempos de Tiberio, sufrió destierro en la isla de Lesbos, un exilio agradable según palabras de Tácito (Ann. 6.3.11); claro, que el delito cometido era de poca monta, proponer que los soldados veteranos pudieran sentarse en las gradas del teatro en premio a sus servicios. Este tipo de premios sólo correspondían al César, por lo que fue echado de Italia. El destierro de Lesbos le pareció a Tiberio demasiado placentero, y lo llamó a Roma. No es ese el destierro al que tantas veces se refiere Cicerón, aunque en ocasiones, sin dejar de ser tremendo, es más soportable que otras circunstancias que él conoce. En una carta de 46, le parece más tolerable el destierro, ubi nulla adiuncta est turpitudo; addo etiam, cum ea urbe careas in qua nihil sit quod videre possis sine dolore (fam. 7.3.4) . 5. El vocablo deportatio, durante la República se había empleado en sentido de “llevar
consigo de una parte a otra”, sobre todo cuando se trata de trasladar a una colectividad, especialmente militar; en Tito Livio se encuentra con frecuencia con este significado, pero ya se vislumbra (26.2.14) que la deportatio a Sicilia del ejército romano de Canas es un castigo que se debe a la derrota sufrida ante Aníbal, ne prius inde dimittatur quam hastis ex Italia decesserit. En cuanto a la palabra relegatio, no está suficientemente definida en época republicana. Livio la emplea como sinónimo de exilium en el pasaje referente a Canuleyo (LIV. 4.4.6). Pero en 23 d. C., el emperador Tiberio introduce la deportatio, cuya herencia semántica implica, junto con la aqua et igni interdictio y la pérdida de los derechos de ciudadanía, un domicilio forzoso para el desterrado (DIO 57.22) . A partir de entonces la palabra se utilizará con frecuencia como equivalente o sinónimo de exilium, término que continuará en uso : Is demum 24 Cf. R. DEGL’INNOCENTI PIERINI, Ubi non sis qui fueris, non esse cur velis vivere., 48-49. 25 TH. MOMMSEN, Römisches Strafrecht, p. 957 y n. 2. 26 Creo que TH. MOMMSEN, Römisches Strafrecht, p. 965, tiene razón cuando opina que ya no era término técnico y que había sufrido variaciones, generalizándose, al transformarse el sistema penal. videtur capitis accusasse, qui tali iudicio appetit, cuius poena aut supplicium habuit aut exilium, quod sit vice deportationis, ubi civitas amittitur, se lee en el Digesto (38.2.14). Exilium comienza entonces a ampliar su campo semántico, incluyendo la interdicción de agua y fuego, la deportatio y a veces la relegatio, por la que, de acuerdo con Mommsen , se restringía el derecho a la libre elección de domicilio, bien por medio de la expulsión de un lugar o por medio del confinamiento en otro. Dicho de otro modo, exilium empieza a semejarse paulatinamente a lo que en español se llama “destierro”. El destierro (el exiliun, la deportatio, o incluso la relegatio) aparece ahora muy regulado, ha perdido la significación de mantenimiento del honor y se ha convertido en un castigo denigrante, aunque destinado a los honestiores, únicos susceptibles de que les sean confiscados sus bienes . Un ejemplo de esta regulación minuciosa, que contempla incluso la situación post mortem, se encuentra en el Digesto 48.24.2: Si quis in insulam deportatus vel relegatus fuerit, poena etiam post mortem manet, nec licet eum inde transferre aliubi et sepelire inconsulto principe: ut saepissime Severus et Antoninus rescripserunt et multis petentibus hoc ipsum indulserunt. deportatio de época imperial es normalmente a una isla, a ser posible desierta . Del castigo de las dos Julias, hija y nieta de Augusto, nos informan tanto Tácito, que habla de deportatio, como Suetonio (Aug. 65.1), que dice: Iulius, filiam et neptem, omnibus probris contaminatas, relegavit. ¿Es Suetonio más inexacto que Tácito en el uso de las palabras? Aquí, desde luego, estamos ya en la “síntesis” final que hace de la biografía del emperador, lo que podría justificar su imprecisión. 6. El caso es que poco después se detectan esfuerzos por determinar las definiciones. Un
edicto del emperador Adriano (Dig. 48.19.28.13) considera como distintos grados del exilium la deportatio y la relegatio: In exulibus gradus poenarum constituti edicto divi Hadriani, ut qui ad tempus relegatus est, si redeat in insulam relegetur, qui relegatus in insulam excesserit, in insulam deportetur, qui deportatus evaserit, capite puniatur. Ita et in custodiis gradum servandum esse idem princeps rescripsit, id est ut, qui in tempus damnati erant, in perpetuum damna. Una gradación semejante se expone en Dig. 48.19.4: Relegati sive in insulam deportati debent locis interdictis abstinere. Et hoc iure utimur, ut relegatus interdictis locis non excedat: alioquin in tempus quidem relegato perpetuum exilium, in perpetuum relegato insulae relegationis, in insulam relegato deportationis, in insulam deportato poena capitis adrogatur. et haec ita, sive quis non excesserit in exilium intra tempus intra quod debuit, sive etiam alias exilio non obtemperaverit: nam contumacia eius cumulat poenam. Et nemo potest commeatum remeatumve dare exuli, nisi imperator, ex aliqua causa; a juzgar por la secuencia alioquin in tempus quidem relegato perpetuum exilium, in perpetuum relegato insulae relegationis,¿cabe aquí pensar que relegatio se toma como sinónimo de exilium? Sin embargo la diferencia entre exilium y relegatio se señala en Dig. 48.1.2, por los efectos accesorios que producen: Capitalia [iudicia] sunt, ex quibus poena mors aut exilium est, hoc est aquae 27 TH. MOMMSEN, Römisches Strafrecht, 964 ss. El sabio alemán no obstante considera la deportatio como una subespecie (“Unterarten”) de la relegatio, la más grave de ellas. 28 Cf. Dig. 48.19.38.4.1, donde por otra parte no está clara la distinción entre relegatio y exilium. 29 TAC. Ann. 1.53.16 (destierro de Julia, la hija de Augusto, y de Sempronio Graco, implicado con ella en su vida licenciosa); 4.13 (Vibio Sereno a la isla de Amorgos); 4.71 (Julia, la nieta de Augusto); 6.3.11 (Galión en tiempo de Tiberio a la isla de Lesbos); LUC. 8.209; SUET. Cal. 28.1.5; SHA, Hadr. 5.5. Cf. X. LAFON, Les îles de la mer. et ignis interdictio: per has enim poenas eximitur caput de civitate. Nam cetera non exilia, sed relegationes proprie dicuntur. Distintos grados se aprecian asimismo en Dig. 48.19.40, donde la relegatio es un castigo menor: Metrodorum, cum hostem fugientem sciens susceperit, in insulam deportari, Philocteten, quod occultari eum non ignorans diu dissimulaverit, in insulam relegari placet. En el Bajo Imperio, la definición de relegati nos la da Festo (De verborum significatione 278.39): Relegati dicuntur proprie, quibus ignominiae aut poenae causa necesse est ab urbe Roma, aliove quo loco abesse lege. Y se dejan ver la limitación de la pena respecto de los bienes del relegado en Dig. 37.1.13: Rei autem capitalis damnatus intellegitur is, cui poena mors aut aquae et ignis iterdictio sit. Cum autem in relegationem quis erit, ad bonorum possessionem admititur. En cambio, en SHA, Ant. Phil. 26.11, puede entenderse de nuevo la deportatio como una clase de exilium: deportatus est Heliodorus, filius Cassi, et alii liberum exilium acceperunt cum bonorum parte[m]. 7. En suma, desde los primeros tiempos de la época imperial aparecen como términos
técnicos deportatio y relegatio, mientras que exilium, el vocablo específico de la época republicana, pierde concreción al ampliar su contenido semántico, más aún, al generalizarse. Normalmente exilium comprenderá deportatio y relegatio, por lo que cualquiera de estas dos penas podrá denominarse exilium. Pero en ocasiones se concreta que el exilium conlleva aqua et igni interdictio. Tal vez la mejor muestra de los esfuerzos que sin duda hubo para aclarar la distinción se encuentre en el título del Digesto 48.22.7, donde, sin embargo, da la da la impresión de una progresiva ulterior ampliación del término relegatio, a pesar de la precaución que se toma por establecer la diferencia inter deportatos et relegatos. Remito al lector al título completo, pero se me permitirá transcribir, para finalizar, algunas palabras: Relegatorum duo genera: sunt quidam, qui in insulam relegantur, sunt, qui simpliciter, ut provinciis eis interdicatur, non etiam insula adsignetur. In insulam relegare praesides provinciae possunt, sic tamen, ut, si quidem insulam sub se habeant, id est ad eius provinciae formam pertinentem, quam administrant, et eam specialiter insulam adsignare possint inque eam relegare, sin vero non habeant, pronuntient quidem in insulam se relegare, scribant autem imperatori, ut ipse insulam adsignet. Ceterum non possunt damnare in eam insulam, quam in ea provincia cui praesunt non habeant. Interim quoad imperator insulam adsignet, militi tradendus est relegatus. Haec est differentia inter deportatos et relegatos, quod in insulam relegari et ad tempus et in perpetuum quis potest. sive ad tempus sive in perpetuum quis fuerit relegatus, et civitatem romanam retinet et testamenti factionem non amittit. Ad tempus relegatis neque tota bona neque partem adimi debere <re>scriptis quibusdam. Est quoddam genus quasi <in> insulam <re>legationis in provincia Aegypto in oasin relegare…

Source: http://ceipac.gh.ub.es/biblio/Data/A/0377.pdf

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