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LAS DROGAS EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: DESDE EL CONTROL
SOCIAL A LA EDUCACIÓN CRITICA

- comunicación oral-
AMANDO VEGA FUENTE topvefua@sf.ehu.es D.O.E. Universidad del País Vasco. Avda. Tolosa 70 20009 San Sebastián
INTRODUCCION
La cuestión del papel de los medios de comunicación social y las drogas no pierde actualidad, a
pesar de ser un tema de continuo debate en encuentros sobre drogas. Si complicado es el
fenómeno de las drogas, no menos complejo es el mundo de los medios de comunicación social
con toda su variedad: prensa, radio, TV, etc. No hay que olvidar que los mass media no son todos
iguales, a pesar de que con una visión global, sin entrar con detenimiento, pueda parecer que los
medios son homogéneos.
Y, aunque no se pueden negar las aportaciones de los medios de comunicación en la
prevención del abuso de las drogas, tampoco se puede olvidar sus limitaciones, que podrían
denominarse “desinformación”. Desinformación que viene no sólo de la ausencia de ciertos
contenidos, sino también de la parcialidad de sus planteamientos como de convertirse en
altavoz de cuestiones problemáticas, más preocupados por lanzar noticias novedosas e
impactantes que de sensibilizar a la población ante una problemática.
Urge, por esta razón, analizar la relación entre los medios de comunicación y el fenómeno de las
drogas en toda su complejidad, para poder considerar después posibilidades de acción positiva
ante los problemas provocados por el consumo de las diferentes sustancias consideradas como
drogas.
1.- EL FENOMENO DE LAS DROGAS EN LOS MEDIOS DE COMUNICACION
SOCIAL

Si se analiza en profundidad el contenido de la información transmitida sobre las drogas por los
medios de comunicación, resulta fácil descubrir aspectos que muestran su ambigüedad. Basta
hacer un breve recorrido por los estudios de análisis de contenido sobre la drogas en los medios
de comunicación social, para constatar su evidente parcialidad.
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Así en el primer trabajo de análisis de contenido sobre drogas en la prensa española (1970-1976),
centrado en las revistas de mayor difusión, elaborado por Mendoza, Sagrera y Vega (1978), se
concluye que la información sobre drogas de la prensa española: tiende a desarrollar un
verdadero mito en torno al tema de las drogas; es poco coherente, lo que lleva a dudar de su
veracidad; intenta producir miedo en los lectores; pretende salvar los valores del sistema social
establecido.
Estas actuación contradictoria de los medios de comunicación social no parece mejorar con el
transcurrir de los años. A pesar de los debates en torno a esta temática, los medios de
comunicación social siguen actuando, en general, con sus planteamientos característicos,
cargados de imprecisiones y sensacionalismos. Resultan expresivas, en este sentido, las
conclusiones del estudio sobre la imagen de la drogadicción en la prensa española, llevado a
cabo por el Plan Nacional sobre drogas (Prieto, 1987), donde la droga aparece unida al ámbito
delictivo, dentro de un marco jurídico-moral; tienen mayor presencia sujetos no consumidores ni
traficantes, entre los que destacan policías, políticos y jueces (55,5%) seguidos por traficantes
(29,8%) y los consumidores (14,7%); la imagen de la droga resalta por su indeterminación; se
transmite la idea de que el orden social triunfa claramente en la batalla contra las drogas, a través
de la represión institucionalizada.
La información que manejan los medios de comunicación en cuestiones como la reduccción de
daños, según el estudio de Rekalde (2001), proviene de instancias de control social, en un grado
tan abrumador: entre las fuentes policiales y judiciales suman el 53,5 % del total de
informaciones, y de hecho las referencias derivadas de los informes policiales, aunque citadas
por otros actores sociales, ascienden por sí solas a más del 50% de los registros. No es
circunstancial que para muchos ciudadanos el punto nodal del problema se limite al principio: la
droga es ilegal, y la ilegalidad es un delito. La perspectiva institucional representa el 84 % de lo
que publica la prensa. Las asociaciones y los colectivos sociales, tan importantes en un fenómeno
como el que nos ocupa, apenas son escuchados por los medios de comunicación.

2. EL CONTROL SOCIAL EN LOS MEDIOS DE COMUNICACION

Los medios de comunicación social, al transmitir contenidos y actitudes específicos relacionados
con las drogas, tras los que se ocultan valores e intereses de la cultura dominante, se convierten
en instrumentos de control social. Pues, el control social no es otra cosa que un despliegue de
tácticas, estrategias y fuerzas para la construcción de la hegemonía, esto es, para la búsqueda de
la legitimación o aseguramiento del consenso; o en su defecto, para el sometimiento forzado de
los que no se integran en la ideología dominante (Aniyar, 1987).
En el caso de las drogas (ilegales), la noticia se convierte en un mecanismo de control social a
través de la información, ya que reduce la complejidad, refuerza las normas sociales, da ilusión
de participación, no admite réplica, crea actitudes y crea prestigio, al mismo tiempo que desvía la
atención de otros problemas.
Para la sustancias legales (alcohol, tabaco, medicamentos), en cambio, los medios de
comunicación refuerzan su consumo, no sólo a través de la publicidad sino por medio de la
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difusión de información muy concreta que responde a intereses económicos y políticos, a los que
no son ajenas las multinacionales relacionadas con estas sustancias. Precisamente estos intereses
han sabido insertar unos estilos de consumo que encajan perfectamente con los valores de la
sociedad actual, en la que priman la competencia, la imagen y el individualismo.
Si atendemos a la información sobre medicamentos en los medios de comunicación las noticias
relacionadas con la salud han aumentado considerablemente. En la prensa escrita española, se
pasó de 5.984 noticias relacionadas con la salud en 1997 a 8.706 en 1998 (un incremento de
45%). Tanto en el caso de Viagra como en el de Propecia, Xenical o Relenza, la industria
farmacéutica utilizó los medios de comunicación para realizar una campaña de promoción
directa al ciudadano antes de la comercialización de dichos medicamentos(Riba , Arnáiz, 2000),.
Los medios de comunicación han desempeñado también un papel contradictorio ante las drogas
“sintéticas”. En ocasiones, el tratamiento de los consumos “ha estado teñido de cierto
amarillismo” (rutas, accidentes, controles policiales, muertes). En otras, “se informaba de una
manera cuasi publicitaria de las sustancias que constituían la última - y atractiva- moda”. Detrás,
se ocultan intereses económicos (hostelero, discográfico, moda juvenil, prensa) que movilizan
este fenómeno, sin olvidar su correspondencia con valores de la cultura actual: éxito y eficacia.
Las drogas de síntesis son precisamente sustancias elaboradas en laboratorios clandestinos con la
intención de conseguir drogas nuevas que produzcan efectos similares al de otras drogas
conocidas e ilegales (García Campos, 1996).
No se puede olvidar ese conjunto de factores que influyen en la noticialidad de un hecho
(Noriega, 1997: 67-73) como la línea editorial de la empresa informativa, la presunción de
ocmercialidad; la facilidad para su interpretación; la costumbre establecidada y la ética
profesional vigente; la influencia de los colegas de la redacción, los valores, antecedentes,
conocimientos, experiencias y gustos; las presiones de los grupos sociels, económcios y
políticos; el espacio/tiempo disponible; el momento en el que la matera prima llega al medio; la
tecnologúa y los recursos humanos del medio; la moda y la ocasión; y la espectacularidad: lo
estraordinario y/o lo exótico
Los medios de comunicación social juegan, pues, un papel clave a la hora de orientar la
interpretación de la problemática de las drogas. Las noticias sobre las drogas suelen girar en
torno al toxicómano y su tragedia, donde unas veces aparece como víctima y en otras, como
delincuente, principal actor de la inseguridad ciudadana, mientras los grandes protagonistas son
los policías, los jueces y los traficantes. Las noticias provocan y refuerzan el sentimiento de
inseguridad de la población, sin facilitar un análisis del problema real existente. Tras una
inflación informativa sobre las drogas, se oculta una visión simplista del problema donde se
resalta la responsabilidad individual y la intervención del aparato represivo, sin mayor
compromiso social.
3.- RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACION SOCIAL

Nadie niega hoy, sin embargo, que los medios de comunicación social tengan una
responsabilidad educativa ante en fenómeno de las drogas. Los medios de comunicación social
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deben informar con objetividad de los problemas que presenten las drogas, legales o ilegales, sin actitudes moralizantes ni condenatorias. El papel que los medios de comunicación social alcanza tanto a la prevención del consumo de drogas como al fomento de hábitos saludables de la población; y no cabe duda de que la prensa, la radio y la televisión están llamados cada vez más a desempeñar funciones importantes en el campo de la salud de la población en general (Sánchez, 1997). Los medios de comunicación social, por su gran cobertura y escaso poder de discriminación, tienen la gran capacidad de poder influir en el conocimiento de la población sobre temas de salud, a la vez que bien utilizados, informan y sensibilizan a los individuos y colectivos sobre determinados hábitos nocivos y prácticas de riesgo que se pretenden modificar, al tiempo que pueden fomentar hábitos saludables en un sentido positivo de salud. Sin embargo, aunque los medios de comunicación social pueden reforzar de algún modo determinadas actitudes, no son tan efectivos cuando se quieren modificar aquellas que están firmemente arraigadas, lo que constituye una de sus principales limitaciones. No hay que olvidar, por otra parte, su pérdida de prestigio, al menos entre lo población más joven. Así aparece en el estudio sobre drogas en la población adolescente del País Vasco: aunque los medios son valorados positivamente por el 28% de los adolescentes a la hora de decir cosas importantes sobre la vida, los periodistas ocupan el último lugar como fuente adecuada de información en el tema de las drogas (9%) (Vega, 1996). Educar en el contexto de los mass media, señala Taddei (1979), significa, prácticamente, liberar de la masificación. Por consiguiente, la razones de la educación para la imagen ( y con la imagen) se reducen a la necesidad que tiene el hombre contemporáneo de ser libre - libertad de la masificación imperante en los mass media, masificación que percibe menos cuanto más crece aquella y le anula su verdadera personalidad. La educación a través de los mass media exige, también, resolver las propias contradicciones internas, entre las que destaca, de forma especial, la de ser la base publicitaria del alcohol, el tabaco y los medicamentos, es decir, las drogas de uso legal. Al mismo tiempo, no debe caerse en los estereotipos de siempre. En esta perspectiva, habrá que retomar consideraciones que, aunque elementales, no suelen ser contempladas en los propios medios como: - el efecto de las drogas está en función de la dosis, el método de administración, la frecuencia de uso, el entorno individual y social; - la sociedad debe reconocer sus contradicciones ante el uso de sustancias químicas que alteran el estado del ánimo, al considerar unas legales y otras, ilegales; - la gente puede promover soluciones al problema de las drogas con diferentes medidas y alternativas. Asumir este planteamiento implica desarrollar una “nueva información” sobre las drogas y sus efectos, apoyada en la objetividad, sin perder de vista la complejidad de la problemática actual del consumo de las drogas, al mismo tiempo que se estimulan respuestas preventivas y terapéuticas. Los medios de comunicación social recurrirán a los métodos y técnicas que permitan una comunicación eficaz, teniendo en cuenta la credibilidad del autor, el mensaje transmitido y el destinatario de la comunicación. El objetivo final es conseguir que los individuos ¡Error!Marcador no definido.
puedan tomar decisiones responsables ante las sustancias que pueden crear dependencia.
4.- EL DERECHO A LA EDUCACIÓN SOBRE LAS DROGAS
Entre las respuestas a dar, está claro que la acción educativa tiene mucho que aportar tanto para
la prevención como para el tratamiento de las drogodependencias. No hacen falta grandes
reflexiones para entender que la problemática de las drogas afecta de lleno al proceso educativo.
Basta pensar en la dependencia que precisamente el consumo de drogas puede crear, sin olvidar
los perjuicios personales y sociales, para tomar conciencia de que el abuso de estas sustancias
consigue precisamente todo lo contrario que la educación cuya meta es promover la autonomía,
la independencia, la libertad. La educación, en definitiva, no tiene otra meta que "preparar para la
vida" o, con otras palabras, "la inserción crítica y creativa" en la sociedad.
Pero "cuando se incrementa la circulación de la información a través de los medios de
comunicación de masas en un medio social,, los segmentos de población más instruidos o con
un status socioeconómico más alto tiende a conceguir dicha información de un manera más
amplia que aquellos menos instruidos o con un status socioeconímo más bajo.
Consecuentemente, el aumento de información, en vez de aproximar, contribuirá a
incrementar el distanciamiento en el conocimiento" (Muñoz Alonso y otros, 1992: 289-290).
Por otra parte, mas allá del proceso de manipulación de emisor, hay que señalar los
condicionantes no menos manipuladores del receptor, que responde al mensaje en funcion de
sus intereses, de sus expectativas, etc. "Se reciben según el recipiente", pues "los mensajes
no tienen- en propiedad- significados, sino que son los usuarios quienes, a través de sus
procesos mentales, asignan el significado. Hay que considerar también que el consumo de
mensajes responde a unas necesidades básicas: cognitivas, afectivas, de integración
personal, de integración social, de entretenimiento ( Noriega, 1997).
De todas formas, existen unos principios elementales para la acción educativa como los
propuestos por la Carta Europea sobre el Alcohol de la OMS de 1995(Vega, 1998), que, se
pueden aplicar a todas las drogas:
1.- Todas las personas tienen derecho a que su familia, comunidad y vida laboral estén protegidas de accidentes, violencia u otras consecuencias negativas asociadas al consumo de las drogas. 2.- Todas las personas tienen derecho a recibir una educación e información válida e imparcial desde la infancia acerca de las consecuencias del consumo de las drogas sobre la salud, la familia y la sociedad. 3.- Todos los niños y adolescentes tienen derecho a crecer en un medio ambiente protegido de las consecuencias negativas asociadas al consumo de las drogas y, en la medida de lo posible, de la promoción de las mismas. 4.- Todas las personas que consuman drogas de forma peligrosa y dañina y los miembros de sus familias tiene derecho a tratamiento y asistencia. 5.- Todas las personas que no quieren consumir drogas o que no puedan hacerlo por motivos de salud o de otro tipo, tiene derecho a ser protegidos frente a presiones para ¡Error!Marcador no definido.
consumir estas sustancias y a recibir apoyo en su decisión de no consumirlas.
Estos fundamentos pueden ayudarnos a caminar entre la complejidad de la acción educativa
relacionada con el fenómeno de las drogas, tarea a la que los medios de comunicación han de
contribuir. Pero ¿hasta dónde puede llegar el poder de los medios en esta tarea educativa?
5. - LA NECESIDAD DEL ANALISIS CRITICO DE LOS MEDIOS
Desde este derecho a la educación, se comprende con facilidad la urgencia de que el sistema
educativo asuma un papel crítico ante los medios, de forma que todos los educandos aprenden a
“leer” los medios.
Ramonet (1998) plantea unas cuestiones claves al respeto: ¿la prensa, los media, la información
constituyen todavía el cuarto poder? En la práctica se da, cada vez más, una especie de confusión
entre los media dominantes y el poder (en todo caso el poder político) y esto hace que no
cumplan la función de «cuarto poder». ¿ Cuáles son realmente los tres poderes? El primero de
todos los poderes es el poder económico. Y el segundo ciertamente es el poder mediático. De
forma que el poder político queda relegado a una tercera posición.
Sin embargo, este mismo autor, alude a un sondeo de la revista francesa Télérama que demuestra
que, desde hace tiempo, existe una desconfianza, una distancia crítica que los ciudadanos sienten,
cada vez más, respecto a algunos media Y en particular, desde hace algunos años, sobre todo
desde la guerra del Golfo, respecto a la prensa escrita y la televisión, por la forma en que
funcionan respecto a cierto tipo de acontecimientos.
No conviene idealizar, pues, la función “informativa” (¿educativa?) de los medios. La
comunicación no es una simple transmision de informaciones. Porque informar es dar forma, dar
un sentido, es dar espíritu” a unos contenidos. Al contrario, con palabras de Freire (1994): urge
“dominar esos lenguajes y sus mecanismos de producción, comprendiendo el subtexto de los
mensajes vehiculados, conseguir identificar condicionamientos implícitos, revelando el real
sentido de lo que es comunicado, es una dimensión de lectura crítica”. Por este camino podremos
llegar a una ciudadanía crítica y transformadora.
La escuela, en este sentido, consciente de que está inmersa en una cultura de drogas y que
esta cultura, si no actúa, también influye en sus alumnos, tiene la responsabilidad no sólo de
analizarla de forma crítica sino también de proporcionar a toda la comunidad educativa de los
recursos necesarios para poder tomar decisiones saludables ante esas sustancias que
llamamos drogas, sin olvidar el papel que desempeñan los medios de comunicación social.
Es hora de superar la "concepción ingenua y utilirarista" que ve el sistema de los medios
como mero mecanismo transmisor de noticiosos o de obras culturales o espectaculares y
comprender el alcance de los medios de masa::
:
1. Todos los medios son montajes artificiales: no reflejan la realidad sino que elaborar
mensajes orientados a fines específicos; conviene conocer, hacer "visibles" las estrategias
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utilizadas para el "reflejo de la realidad" 2. Contruyen su propia realidad: mientras nuestra percepción de la realidad parte de observaciones experiencias directas, mientras que los medios proporcioan actitudes, interpretaciones y conclusiones previamente organziadas; 3. Los destinatarios intervienen en la atribución de un sentido, de forma que recibimos la comunicación a través el filtro de nuestras necesidades personaless, de nuestra posición social o, incluso, de nuestra cociencia crítica; 4. Los medios tiene implicaciones comerciales: los medios buscan la rentabilidad comercial, lo que incide en su contenido, técnicas y distribución; 5. Trasnmiten mensajes ideológicos y juicios de valor, de los que habrá que tomar conciencia; 6. Tiene implicaciones sociales y políticas: inciden en la vida familia y el uso del tiempo libre, moldean las relaciones de los jóvenes entre s´y con la sociedad, determinan el modo en que las personas se comprometen con los problemas, las necesidades y el conjunto de las cuestiones políticas y sociales; 7. Forma y contenido están iintimamente relacionados en los medios: la forma supone un modo de codificar la realidad; 8. Cada medio de comunicación tiene su propia forma estética, por lo que no basta con descifrar y comprender los mensajes masivos, sino que también hay que ayudart a gozaar de la belleza, de las formas y de los efectos estéticos asociados a los diferentes medios (Sanchez Noriega, 1997: 21-22). Se contruye, de esta forma, una base firme para una educación sobre las drogas que ha de competir con los medios de comunicación social, más interesados en la defensa de los intereses ideológicos y económicos del sistema establecido que en la formación de personas libres en una sociedad saludable. Si el sistema educativo no actúa de forma crítica y responsable ante la manipulación con que los medios de comunicación social suelen tratar el fenómeno de las drogas, contribuye a que la desinformación contínúe en beneficio de los intereses económicos e ideológicos del poder establacido, y en, perjuicio, por supuesto, de los educandos que seguirán “analfabetos” ante una cuestión que tiene mucho que ver con su desarrollo personal como personas libres y responsables. BIBLIOGRAFIA ANIYAR, L.(1987), "Medios de comunicación e inseguridad ciudadana". Criminología de la liberación. Maracaibo, Universidad de Zulía, pp. 159-192. COSTA, P.D., PEREZ, J.M.(1989), Droga, televisión y sociedad. Rev. Comunidad y Drogas. Monogr. nº 8. DURANDIN, G. (1995), La información, la desinformación y la realidad. Barcelona, Paidós. ELZO, J. Y OTROS (1996), Drogas y escuela V. Vitoria, Gobierno Vasco. FERNANDEZ-CID, M. Y OTROS (1996), Tratamiento periodístico de las drogas y las drogodependencias. Madrid, Coordinadora de ONGs que intervienen en drogodependencias. FREIRE, P. (1994), "Prefacio". GRAVIZ, A., POZO, J. (1994), Niños, medios de comunicación y su conocimiento. Barcelona, Herder. ¡Error!Marcador no definido.
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desarrollo personal como personas libres y responsables. ¡Error!Marcador no definido.

Source: http://tiec2002.udg.edu/orals/c33.pdf

Pone.0039321 1.8

Serum Uric Acid and Adiposity: Deciphering CausalityUsing a Bidirectional Mendelian RandomizationApproachTanica Lyngdoh1, Philippe Vuistiner1, Pedro Marques-Vidal1, Valentin Rousson1, Ge´rard Waeber2,1 Institute of Social and Preventive Medicine (IUMSP), Lausanne University Hospital, Lausanne, Switzerland, 2 Department of Medicine, Internal Medicine, CHUV, Lausanne,Background: Although the r

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