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Historia de purim

Historia completa de PURIM
".Y aconteció en los días del rey Ajashverosh." (Libro de Esther 1:1) Hace más de dos milenios (en el año 3392 de la Creación del mundo), ascendió al trono de Persia el rey Ajashverosh. Llegó a reinar sobre un vasto imperio de 127 naciones, que se extendía desde la El pueblo de Persia, impresionado ya con las riquezas del rey Ajashverosh, quedó aún más admirado al conocerse su matrimonio con Vasti, hija del rey babilonio Baltasar y nieta del entonces poderoso amo del mundo, Nabucodonosor. El pueblo estaba decididamente convencido que la dinastía del Nabucodonosor habría de reinar indefinidamente. El rey Ajashverosh gobernaba con mano dura. Los enemigos disimulados de Judá, los samaritanos y los amonitas, que encabezaron un movimiento para abolir el decreto imperial persa del rey Ciro que permitía reconstruir a los judíos el Santo Templo de Jerusalén, se aprovecharon de la situación. En efecto, sobornaron a los administradores persas designados para gobernar en Judá y países vecinos, a fin de que esparcieran en la corte persa el rumor de que con la reconstrucción de su Templo los judíos intentaban rebelarse y librarse por completo de la autoridad persa. Dado que la reconstrucción de las fortificaciones de Jerusalém estaba prohibida por decreto, los samaritanos sostenían que había razón suficiente para derogar el decreto del rey Ciro autorizando a los judíos a No obstante, les amedrentaba incurrir en una falsedad que pudiera ser descubierta fácilmente, y más aún las consecuencias que pudieran derivarse si la investigación los indicaba como fuente de origen de la falsedad. Como la denuncia original estaba escrita con caracteres que empleaban los samaritanos y debía por ello ser traducida al persa, los inicuos sobornaron a los corruptos secretarios del rey que debían verterla a la lengua del país, a fin de que agregaran las palabras "murallas fortificadas" al manuscrito que se refería al Templo. De tal modo, todo parecería un error Los dos secretarios que presentaron el documento al rey eran Rajum y Shamshi, este último uno de los hijos de Amán, se ordenó a los judíos interrumpir la construcción del Templo de Jerusalén. Tan pronto Ajashverosh se proclamó rey de Persia, resolvió utilizar como propio el trono del rey El trono del rey Salomón era el más maravilloso sobre el que soberano alguno se haya sentado Seis escalones conducían al asiento; cada escalón tenía por objeto recordar al rey cada uno de los seis mandamientos especiales que los reyes de Israel estaban obligados a cumplir. Ajashverosh, hizo traer de Egipto a afamados maestros de la mecánica, y se les ordenó construirle un trono similar al del rey Salomón. Durante casi tres años los artesanos egipcios trabajaron en el trono para el rey, y finalmente, lo terminaron. Con este motivo, Ajashverosh dispuso la realización "En el año tercero de su reinado hizo banquete." (Libro de Esther 1:3) Siendo como era, un usurpador, el rey Ajashverosh buscaba constantemente nuevos medios de afianzar su reinado y adquirir popularidad entre sus súbditos. Uno de los importantes pasos que dio en este sentido fue transferir su capital de Babilonia a Susa, en Persia. Pero aún más importante fue el festín real ofrecido por el rey al pueblo, que se prolongó Existía una vieja costumbre persa de preparar para toda comida importante una inmensa copa de vino cuyo contenido equivalía a casi cinco octavas partes de un cántaro, que cada invitado debía apurar hasta el fondo. El rey, ansioso de satisfacer a todos descartó este hábito. Mas, dijo el Eterno: "Tú, ¡oh tonto presuntuoso! ¿Cómo puedes pretender satisfacer a cada cual? Mañana vendrán a ti dos hombres, Mordejai y Aman. ¡No podrás complacerles a ambos! Tendrás que exaltar a uno y denigrar al otro. Tan sólo D-s puede satisfacer a todos!" El rey estaba algo perturbado; pensaba en la reconstrucción del Templo de Jerusalén que había Según el cálculo de Ajashverosh, los sesenta años del exilio judío acabarían en el año tercero de su mandado. Cuando ello se produjo y nada sucedía, su júbilo no tuvo límites, en la creencia de que los judíos continuarían siendo sus súbditos y no recobrarían el poder y la independencia. Esta es otra de las razones por las que celebró un festín tan ostentoso y que no vaciló en adornar sus mesas con los preciosos y sagrados vasos del Templo que había apresado el perverso Asemejanza de los súbditos de otras nacionalidades, también los judíos habían sido invitados a asistir a los festejos del rey. Esto entraba en los planes de Aman, que vio la oportunidad de inducir a Mordejai, el gran conductor de los judíos en ese tiempo, se enteró del artero plan y exhortó a los judíos a evitar el palacio y apartarse de la ira de D-s. Muchos de ellos no lo atendieron y concurrieron al festín. Al descubrir, consternados, los sagrados vasos del Templo sobre las mesas del rey, emprendieron el regreso. Pero Ajashverosh ordenó rápidamente a sus servidores que acondicionaran mesas especiales para los judíos. Estos se tragaron su orgullo y se quedaron para El rey, desatada su lengua por el vino, comenzó a jactarse de sus riquezas, de su vasto imperio, y luego de Vasti, su reina, cuya extraordinaria belleza y sorprendente encanto sobrepasaban al de todas las mujeres. Uno de los invitados desafió al rey a probar la exactitud de sus palabras y permitiera que Vasti exhibiera su belleza ante los asistentes. El rey envió inmediatamente por Vasti, Cuando el rey envió por ella, exclamó indignada: "¿Debe convocárseme como a una esclava común, como a una mera sirvienta?", y audazmente rehusó cumplir la orden del rey de presentarse El Rey convocó a los sabios de sus dominios para dictar sentencia sobre la desobediencia de Vasti. Pero todos temían responder. Todos con excepción de un curo oficial llamado Memujan. El aconsejo al rey que hiciera ejecutar a Vasti. Y así fue como ejecutaron a Vasti por rebeldía. Pero no es mera coincidencia que Vasti haya sido ejecutada precisamente un día sábado; fue la pena que pagó por el sufrimiento infligido a los niños judíos en el santo día sábado. Vasti ya no existía, y había comenzado la búsqueda en todo el reino de una esposa digna para el rey. En Susa residía un judío muy piadoso y sabio llamado Mordejai, el cual tenía una encantadora y bondadosa prima que respondía al nombre de Esther. Mordejai temía la llegada del día en que Esther fuera llamada al palacio, porque sabía que no podría seguir ocultándola mucho tiempo. Al fin, las autoridades supieron de Esther y vinieron para llevarla El concurso para reemplazar a Vasti se prolongó varios años. Las más hermosas doncellas de las ciento veintisiete provincias del imperio fueron reunidas en el palacio de Susa, para rivalizar por el favor del rey. A todas les fueron brindados los tratamientos de embellecimiento que reclamaron y los atuendos más exquisitos que solicitaron. Tan solo Esther no exigió nada. Su belleza irradiaba de su interior mismo, otorgándole una gracia y un hechizo particulares que eran sólo suyos. Aunque Esther no era en modo alguno la más bella de todas las doncellas reunidas, el rey la prefirió a las demás. Cuando Esther supo que era la elegida, se rodeó de inmediato de fieles servidores judíos que la proveían de alimentos casher o ritualmente puros, y no reveló su condición de judía, porque Mordejai le había dicho que mantuviera el secreto de su ancestro hasta que llegara el día de ponerlo en evidencia. Todos los días Mordejai iba al palacio para obtener noticias de Esther. Después que Esther fuera elegida reina de Persia, ésta preguntó al rey por qué no había escogido para sí un consejero judío, como habían hecho otros soberanos. Le recordó que hasta el poderoso Nabucodonosor tuvo un consejero judío, el profeta Daniel. El rey replicó que no conocía a ningún judío digno de tal cargo. "He aquí que tienes a Mordejai", dijoEsther, "sabio, piadoso y leal". Y Mordejai se convirtió así en consejero del rey. Un día, Mordejai oyó en la corte una conversación entre dos de los servidores del rey, Bigtán y Teres. Planeaban envenenar al rey a causa de haberlos aquél disminuido de su rango de chambelanes principales y subordinado a Mordejai. Comunicó el perverso plan a Esther, la que a su vez informó al rey, en nombre de Mordejai. Cuando, luego de su habitual descanso de la tarde, el rey pidió su bebida de costumbre, los desprevenidos servidores Bigtán y Teres le llevaron la copa en la que habían puesto veneno. El tóxico fue descubierto de inmediato y los autores condenados a morir. Por ello, en el Libro real de las Crónicas se dejó constancia que Mordejai había salvado la vida del rey. El perverso Amán era descendiente del implacable enemigo de Israel, Amalek. Amán era el hombre más acaudalado de su tiempo. El rey Ajashverosh, impresionado por los fabulosos tesoros de Amán, lo nombró Primer ministro, y expidió una orden mandando a todos los del palacio a inclinarse ante Amán lucía sobre su pecho una imagen del ídolo que adoraba. Mordejai se negaba a inclinarse ante Aman. Cuando el propio Aman lo reprendió por no rendirle los honores que le habían sido conferidos por el rey, Mordejai le respondió que era judío y que jamás se inclinaría ante ningún ser humano que ostentara en su pecho un ídolo pagano. No le tomó mucho tiempo al taimado Aman elaborar un plan con el que esperaba destruir a todos los judíos en los ciento veintisiete dominios de Persia y entre éstos a su enemigo más odiado: Aman se apresuró a preparar un cúmulo de falsas acusaciones contra los judíos, que alternó con unas pocas afirmaciones ciertas y verdades a medias, a fin de que al tonto rey le parecieran "Ha llegado la hora propicia", dijo Aman, "para perseguir a los judíos". "Pero", respondió el rey, "ellos tienen un D-s poderoso, y quizás yo sufra el mismo destino que Nabucodonosor y otros reyes que les han causado daño". "¡Oh!", hace mucho que han desertado de su D-s", replicó Aman. "Pero, ¿no hay entre ellos judíos píos y devotos?", continuó el rey. "Son todos iguales, el primero no es mejor que el segundo" , fue la respuesta de Aman "No obstante, los intereses de nuestro imperio pueden sufrir", arguyó el rey. "Están esparcidos por todo el reino y su eliminación no sería notada", contestó prestamente Aman. Luego, comenzó a calumniar y a denigrar a los judíos ante el rey. "Se mantienen apartados de todos; viven entre ellos, comen y beben entre ellos. No se mezclan con el resto del pueblo y no se casan con hijas de nativos. Son inútiles y perezosos porque siempre están cumpliendo días de descanso, Sábado, Pesaj, Shavuot, Sucot y muchos otros". El rey sonrío y dijo: "guarda el dinero y a los judíos también. Haz de los judíos lo que te plazca". Para darle prueba de que esa era realmente su voluntad, el rey Ajashverosh se quitó del dedo el anillo con el sello real y se lo envió a Aman, el Agagita, invistiéndole de tal modo con poderes El primer decreto fue una abierta orden a todos los gobernadores para que armaran a la población a tiempo del 13 de Adar, fecha en la que debían estar bien adiestrados, y matar "a cierto grupo de gente dañina". La identidad de este grupo estaba contenida en el segundo decreto, que era una orden sellada para no ser abierta antes del 13 de Adar. En esa orden sellada se establecía con claridad que el pueblo de Persia debía atacar y asesinar a los judíos, jóvenes y ancianos, mujeres y niños; dondequiera se los hallase en el vasto imperio persa. Mordejai tuvo esa noche un extraño sueño. El profeta Elías, ese maravilloso protector que se hace presente en tiempos de zozobra para advertir al pueblo judío de peligros inminentes, se le apareció en sueños a Mordejai y le reveló los inicuos proyectos de Aman. Supo así Mordejai que los peligros que amenazaban a los judíos eran el castigo a su desobediencia a lo preceptuado por la Torá, a su participación del festín impuro del rey Ajashverosh. Sólo el arrepentimiento podría salvarlos de la Cuando Mordejai despertó de su sueño, se rasgó las vestiduras en señal de duelo, y entró en la ciudad llorando amargamente y lamentándose tan desesperadamente que despertó a todos los judíos Mordejai se allegó a los portones del palacio. Los fieles servidores de Esther se apresuraron a informar a la reina de la gran pena de Mordejai. Ansiosa de conocer por boca del propio Mordejai las razones de su aflicción, Esther envió por él con el ruego de que entrase a palacio para relatarle qué había ocurrido; a dicho fin ordenó que se le dieran ropas apropiadas porque vestido con arpillera no podía ingresar al palacio. Pero se negó a despojarse de su indumento. En lugar de ello, envió a Esther, por intermedio de su fiel servidor Athach, una breve carta y copia del real decreto hecho público en Susa. Mordejai le pedía en su carta que intercediera ante el rey a favor de su pueblo. Mordejai afirmaba que ahora resultaba claro que ella había sido elegida reina para que pudiera ser útil a su pueblo; precisamente en día tan aciago. Había llegado el momento de revelar al rey su nacionalidad y suplicarle la salvación de sus leales súbditos judíos, acerca de los cuales había Esther envió respuesta a Mordejai, diciéndole: "Estoy dispuesta a hacer lo que pueda, querido primo, pero tú conoces seguramente la estricta orden que el perverso Aman consiguió que el rey decretara, en el sentido de que cualquiera que entrase a la cámara real sin estar invitado, será pasible de muerte a menos que el rey le ofrezca graciosamente su cetro de oro. El malvado Aman debe haber olvidado que yo intentaría ver al rey. Desgraciadamente, el rey no me ha dispensado su favor recientemente, ¡y no he sido invitada a su Esther comprendió ahora el grave peligro que acechaba a todo el pueblo judío. Y Esther estaba resuelta a no fallarle a su pueblo en la hora de la necesidad. Este único pedido le hizo a Mordejai: "Que todos los judíos, jóvenes y viejos por igual, ayunen y oren durante tres días, hasta que sus ruegos lleguen al Cielo y D-s se apiade de nosotros. Aquí en el palacio, yo y mis doncellas ayunaremos y oraremos igualmente, porque nada sino un milagro de D- s puede salvar a nuestro pueblo. Al cabo de tres días iré al rey, contraviniendo la ordenanza, y si A Mordejai le fue difícil conceder el justo y juicioso pedido de Esther, porque el ayuno coincidía con la festividad de Pesaj, pero como el destino del pueblo entero de Israel estaba en la balanza, El ayuno fue aceptado por la totalidad de los judíos que vivían en las ciento veintisiete satrapías del Entretanto, Aman supo que Mordejai había levantado un gran clamor en Susa y corrió al lugar en que éste reuniera a los niños. Allí le encontró, rodeado de veinticinco mil pequeños, orando todos No se ablandó el cruel corazón de Aman. "Vuestras oraciones no servirán de nada", se burló. "¡Nada puede salvarlos!", y ordenó a sus hombres encadenar a los niños y vigilarlos de cerca. "Los niños serán los primeros en morir". Durante los tres días de su ayuno, Esther oró incesantemente a D-s para que le otorgara el éxito en su intento de salvar a su pueblo. Al tercer día se armó de coraje y se encaminó a la cámara real. Mientras hacia allí se dirigía, sintió aposentarse en ella la divina inspiración, y aunque pálida y débil luego del prolongado ayuno, cruzó con energía entre la guardia real y penetró en la sala donde estaba el rey, sentado en el trono majestuoso, rodeado por sus cortesanos. Entre éstos se hallaban los hijos de Aman y sus amigos, quienes escasamente pudieron disimular su gozo al ver entrar en la sala a la reina Esther que no había sido invitada a hacerlo. Si el rey simplemente no se daba por enterado, la reina dejaría de ser reina. En ese preciso momento el rey divisó a Esther en la entrada. Su continente era la extrema palidez y turbación, pero había algo en su rostro que la hacía parecerse a un ángel. Ajashverosh le extendió ansiosamente su cetro y Esther, recobrada, se acercó con alivio y esperanza, rozando el extremo del cetro real. Muy sorprendido por la inesperada visita de Esther le preguntó afectuosamente: "¿Qué te perturba, mi querida reina, y cuál es tu deseo? Te concederé hasta la mitad de mi reino". Le preguntó simplemente si iría al banquete que había preparado especialmente para él y su primer El rey accedió de inmediato a su pedido y dio órdenes para que Aman asistiera al banquete. Esther tenía sus razones para invitar también a Aman y no únicamente al rey para formularle su petición. Cuando el rey y Aman hicieron su aparición en el banquete y el soberano de nuevo le preguntó cuál era su deseo, Esther consideró que el momento era inoportuno para su petición, y simplemente les invitó a asistir a su segundo banquete a realizarse la noche siguiente, prometiendo revelar entonces Aman estaba enajenado de alegría por la atención especial y el honor que la reina Esther le había conferido. "¡Hasta la reina se da cuenta de mi importancia! ¡Quién puede comparárseme en poderes y riqueza!", decía con jactancia Aman para su coleto. Pero cuando abandonó el palacio y encontró a sus puertas a Mordejai, quien, como era habitual, no le rindió homenaje, su ira no tuvo límites como un momento antes su buen humor. Aman corrió a su casa y convocó a sus familiares. Aman hizo alarde de todos los honores que se habían otorgado. "La propia reina Esther no ha llamado a nadie más que a mi al banquete que ofreció al rey, y mañana estoy de nuevo invitado a cenar con el rey y la reina. Más, ¿qué son para mí todos esos honores mientras vea a Mordejai, el judío, sentado a la vera del palacio real, sin inclinarse jamás a mi paso para rendirme homenaje? ¡Ya no puede esperar más a que llegue el 13 de Dijo Amán: “Ahora, mis sabios amigos, a pensar mucho y a encontrar un medio para ejecutar a Mordejai que jamás haya sido antes impedido por el D-s judío.” Por el momento reinó profundo silencio mientras todos se exprimían el cerebro en busca de una muerte terrible para Mordejai. Fue entonces cuando Zeres, la mujer de Aman, cuya crueldad sólo era sobrepasada por la de su consorte, exclamó triunfalmente: "¡Colguémoslo!" No sé de ningún judío que se haya salvado alguna vez de la horca. Que se construya ahora un horca, de cincuenta codos de altura, y por la mañana vé tú, Aman, al rey, y pídele permiso para colgar de ella a Mordejai, ¡Seguramente te concederá favor tan pequeño! ¡Luego puedes ir gozosamente con el rey al banquete!". Esa noche hubo un gran clamor en el Cielo. Nadie durmió esa noche. Mordejai y los judíos elevaban continuamente sus plegarias y súplicas al Todopoderoso; Esther estaba ocupada preparando el banquete para el rey y Aman; tampoco dormía porque estaba dedicado a erigir la horca para Mordejai. Sólo el rey dormía con sueño apacible y D-s vió dormir a Ajashverosh tan pacíficamente, le dijo a Gabriel: "Mis hijos están en mortal peligro y este tonto duerme serenamente. Ve y perturba su descanso". El rey despertó súbitamente y ya no pudo conciliar el sueño. Una grave sospecha se insinuó en su corazón: "¿Por qué invitó Esther a Aman al banquete? Tramaban algo contra él los dos?. "Habrá seguramente en el palacio algún fiel servidor que me advertirá el peligro", pensaba, "a menos que por descuido yo no le hubiera recompensado adecuadamente". "¡Shamshi!", llamó el rey, "tráeme el Libro de las Crónicas del reino y léeme los recientes Shamshi, hijo de Aman, que era el chamberlan de servicio esa noche, trajo el Libro y se preparó a leer para el rey. Cuando abrió el libro, sus ojos cayeron sobre la historia del salvamento de la vida del rey por Mordejai, cuando descubrió la conspiración de Bigtán y Teres. Rápidamente Shamshi volvió la página, pero la página tornó a su sitio. Impacientemente por las demoras de Shamshi, el rey gritó: "¿Por qué vuelves las páginas una y otra vez?,. ¡Lee y no demores más!" "Se me nubla la vista", dijo Shamshi con voz temblorosa. De pronto comenzaron a oírse palabras que no provenían de boca de Shamshi. Era el ángel Gabriel que estaba leyendo la historia de la lealtad de Mordejai, y por supuesto sin omitir el menor detalle. Mientras Gabriel leía, los ojos del rey empezaron a cerrarse. ".En el séptimo año del reino del poderoso e ilustre rey Ajashverosh, que largos años de vida y prosperidad disfrute, dos traicioneros chambelanes, Bigtan y Teres, los tartarios, fueron descubiertos cuando tramaban atentar contra la vida del grande e ilustre rey Ajashverosh. El leal jefe de chambelanes, Mordejai el judío, que había sido recientemente designado en el cargo, se enteró por casualidad del plan e informó a Su Majestad la graciosa reina Esther. La reina refirió la maquinación a Su Majestad el rey. Los dos bribones fueron sorprendidos in fraganti al servir al rey vino envenenado en la copa real. Ellos confesaron que los había impulsado a cometer tan alta traición el hecho de haber sido subordinados a Mordejai el judío, sobre quien planeaban arrojar la culpa. Bigtán y Teres fueron colgados inmediatamente. El fiel y leal jefe de chabelanes, Mordejai el judío, serán recompensado a la mayor brevedad." El ángel Gabriel leía tan brillantemente y con tanta dulzura repercutía el nombre de Mordejai cada vez que lo mencionaba, que al arrullo de su voz se durmió el rey. Ahora soñaba que Aman se erguía ante él con la espada levantada. Despertó sobresaltado. En la sala de acceso oía pasos que se "¿Quién anda ahí?", preguntó el rey. "Aman", respondieron los servidores. "Luego, no era un sueño después de todo", se quedó pensado el rey, y dijo a los servidores: "Dime Aman, mi sabio consejero, ¿qué hay que hacer con el hombre a quien el rey desea honrar?" "El hombre a quien el rey quiere honrar debiera ser ataviado con las propias vestiduras reales, lucir la corono real sobre su cabeza y cabalgar por las calles de la ciudad montado en el caballo del rey, mientras el ministro de más alto rango del estado corriera delante de él exclamando: "Esto es por el hombre a quien el rey se complace en honrar!". "Ah" pensaba el rey, "de modo que el villano tiene ciertamente designios sobre mi corona", y con un destello de sus ojos le gritó a Aman: "Date prisa, pues, Aman. Ve y haz todo eso con Mordejai!". Las palabras cayeron como un trueno, dejando a Aman sin habla por la sorpresa. "¡No te quedes parado ahí como una mula"!, gritó el rey con impaciencia, "¡apúrate y confiere todos Aman pretendió no haber entendido al rey. "¿Cuál Mordejai?", preguntó. "Mordejai el judío, claro está", contestó el rey. "Pero hay muchos judíos con ese nombre", se quejó Aman. "¡El que está parado a las puertas del palacio, idiota!" "¡El!", exclamó Aman sollozando, "es mi enemigo jurado. Antes le daría diez mil piezas de plata "Dale el dinero, por cierto, pero hónrale de la manera que has descrito". "Pero su Majestad, ¿por qué concederle tal honor a un judío?" "¡Que insolencia!", exclamó el rey. "¿No es bastante que Mordejai salvara mi vida? Y ahora, ¡basta de discusiones! ¡Ve de una vez a Mordejai y cumple mis órdenes al pie de la letra Con la cabeza gacha y temblorosas las rodillas, Aman partió en busca de Mordejai. En esos momentos Mordejai se hallaba en el Bet Hamidrash. Mordejai decía sus últimas oraciones cuando entró Aman. Este esperó pacientemente a que "Mordejai, hijo de Abraham el hebreo, ustedes tienen un Di-s verdaderamente grande. Toda vez que elevan a El sus plegarias, El las escucha y pone por obra milagros en vuestro favor. Levántate ahora Mordejai y ponte estos vestidos reales, esta corono de oro." "Aman, ¡so villano, hijo de Amalek! ¿Por qué vienes aquí a mofarte de mí? ¿No basta con que "No", respondió Aman amargamente, "no he venido a burlarme. Todo lo que dices habría sido cierto, pero ¡ay!, ¡es la propia orden del rey! De pronto Mordejai dijo: "Honorable Primer ministro, ¿soy yo digno de vestir los atavíos reales en el estado en que me encuentro? He ayunado durante tres días y estoy cubierto de ceniza." Aman, comprendiendo, asintió con la cabeza. Condujo a Mordejai a los baños públicos, donde lo lavo y ungió con los más ricos aceites y perfumes. Mientras Aman le acicalaba el cabello, Mordejai lo oía suspirar y gemir. "¿Por qué te quejas así, hijo de Agag?", le preguntó Mordejai. "¿Qué Primer Ministro no se quejaría si tuviera que tornarse en barbero.?", dijo Aman "Por lo menos estás haciendo un trabajo digno de ti. Es como si de nuevo estuviéramos en los buenos tiempos viejos cuando eras barbero en el pueblito de Karzum, ¿recuerdas?, agrego Mordejai. Luego de acabar de vestir a Mordejai con los ropajes reales, Aman fue a los establos reales en busca del caballo del rey, e invitó a Mordejai a montarlo. "La desgracia ha embotado tus sentidos, Aman" le dijo Mordejai. "Estoy débil luego del ayuno. ¿Cómo esperas que un anciano como yo monte a caballo sin ayuda?" Aman sabía que las palabras del rey no eran para ser tomadas a broma. "El rey debe esta impacientándose", pensaba. Sin más, Aman se agachó e instó a Mordejai a utilizar su cuerpo como taburete. Mordejai se encaramó en él y logró finalmente montar el caballo real. Mordejai cabalgaba por las calles de Susa, mientras Aman guiaba el caballo, gritando: "¡Esto es por el hombre a quien el rey se complace en honrar!" Las calles de Susa estaban llenas de gente. Y por encima de todos los vítores y exclamaciones de alegría, la voz de Aman sonaba clara y potente: "¡Esto es por el hombre a quien el rey se complace en honrar!" Contemplando la procesión desde lo alto de su principesco palacio, la hija de Aman llamaba a su madre: "¡Mamá, mira!" ¡Allí está papá montado en el caballo del rey y Mordejai lo conduce por las calles! Y enseguida asió un recipiente de desperdicios y lo arrojó, riendo malignamente, contra el que creía que era Mordejai. Reconoció, entonces, la voz del pregonero. ¡Era la de su padre! Se arrojó de la torre desesperada, para no afrontar el mal humor de su padre cuando regrese. Abatido y deshonrado, manchados los vestidos, tambaleante, llegó Aman a su casa luego que la "¡Aún me vengare de Mordejai!" ¡Lo colgaré de la horca y mis ojos se recrearán con la vista de su cuerpo sin vida balanceándose en el aire!", le dijo a Zeres. "¡Aman, debes haber perdido el juicio! Olvida tus planes que ya han fracasado. Los judíos se parecen a los granos de arena y a las estrellas. Cuando se alejan de su D-s y desobedecen Sus mandamientos, se los puede oprimir, humillar y pisotear como la arena. Pero cuando retornan a D-s y le sirven con devoción sincera, El los exalta como a las estrellas en el cielo!. En cuanto a ti, mi pobre Aman, a partir de tu caída ante Mordejai tu destino está sellado." Complacido y evidentemente de humor festivo, un Ajashverosh distinto se sentó esa noche a la mesa del banquete. ¡Qué gracioso había sido ver a Aman haciendo tan grandes honores a su más odiado adversario!. Esa sería para Aman una lección bien merecida. "Esther, mi reina", "tienes seguramente algún pedido que deseas hacerme. ¡No habrás preparado estos dos banquetes sólo por el placer de la compañía de Aman! Hazme el favor, dime cuál es tu pedido. Hasta la mitad de mi reino te será concedido. Únicamente no me pidas que permita a los judíos recomenzar la construcción de su Templo, porque eso está en mi mitad." "Majestad, sólo pido gracia para mi vida y la de mi pueblo, porque mi pueblo y yo hemos sido vendidos. ¡Hemos sido condenados a morir, a ser carneados despiadadamente." "¿Quién se ha atrevido a hacer tal cosa?", gritó el rey, trémulo de pavo al pensar que su bienamada no estuviera a salvo ni en su propio palacio. "Un hombre muy perverso y cruel, un enemigo empedernido que ya ha llevado a su perdición a la reina Vashti y que tomaría ahora también mi vida. ¡El villano no es otro que este malvado Amán!", exclamó Esther, apuntándole con un dedo acusador. Amar palideció de terror. Se postró a los pies de Esther, pidiendo clemencia. Pero el rey Ajashverosh se volvió hacia él con furor incontrolable: "¿De manera que eres tú quien se atrevió a conspirar contra mi reina en mi propia casa?", y corrió al jardín a respirar un poco de aire fresco. Ante su asombro vio allí a varias personas ocupadas en derribar los raros y exóticos árboles de los jardines reales. En realidad no se trataba de seres humanos, sino de ángeles con apariencia humana, enviados a la tierra para excitar al grado máximo la cólera del rey contra Aman. "¿Quién os ha ordenado hacer esto?", rugió el rey. "Aman", contestaron los jardineros En ese momento, Harborá, uno de los servidores del rey, dijo: "¿Está el rey enterado de que Aman erigió una horca de cincuenta codos de alto para el leal Mordejai? Allí está, sobresaliendo detrás de "¡Cuelga de ella al vil Aman!", gritó el rey. Y así Aman fue colgado de la misma horca que había preparado para Mordejai, y sólo entonces se El rey Ajashverosh tenía ahora muchas razones para enorgullecerse de su reina Esther, porque se había enterado que era descendiente de la familia real de Saúl, primer rey de los judíos. Cuando Ajashverosh supo luego que Mordejai también descendía de la misma noble familia y era en realidad primo de Esther, lo nombró inmediatamente sucesor de Aman en el cargo de Primer El cruel decreto de Aman no había sido aún modificado, y a menos que se lo dejara sin efecto a tiempo, los judíos habrían de sufrir un triste destino. Por ello, Esther fue de nuevo al rey para rogarle por sus hermanos sentenciados. Cayó a sus pies y con lágrimas en los ojos le imploró que desviase la terrible suerte que les aguardaba. ¿Cómo asistir imperturbable a los males que caerán sobre mi pueblo? ¿Cómo soportar la vista de la destrucción de mi casta?", exclamó Esther angustiada. La devoción de Esther por su pueblo conmovió profundamente al rey. Quería aliviar su pena, pero por desgracia había grandes dificultades para anular el decreto, porque éste había sido emitido por orden del rey, en su nombre, y ostentaba el propio sello real. Un decreto semejante era, según el rey, Se publicaría un nuevo decreto en nombre del rey, en el cual se declararía que Aman había abusado de la confianza real al emitir órdenes falseadas: en lugar de dictar un decreto suprimiendo la persecución a los judíos en todo el vasto imperio persa, como era intención y deseo del rey, ¡el traicionero Aman había ordenado el exterminio de los leales súbditos judíos! Los escribas del rey fueron de nuevo convocados y los decretos se redactaron debidamente, dictados esta vez por Mordejai en persona. Por disposición de los nuevos decretos se concedía a los judíos autorización para reunirse el décimo tercer día de Adar y defenderse contra sus enemigos, para atacar y eliminar a todos aquellos que los Cuando llegó el 13 de adar, día en que los judíos iban a ser exterminados por Aman y sus esbirros, los judíos se congregaron en las plazas públicas de todos los pueblos y villorrios en que residían, deteniendo y ejecutando a todos sus perversos y crueles enemigos convictos. En todo el reino de Persia fueron ejecutados setenta y cinco mil asesinos confesos y otros quinientos en Susa. Los diez hijos de Aman fueron igualmente pasados por las armas. El rey le preguntó a Esther si estaba satisfecha. "No tengo sino un solo pedido más que formular". "En Susa hay todavía muchos crueles enemigos en libertad, debe eliminárselos o no podrá haber paz en el país. Pido por ello que el día de mañana sea consagrado en Susa al juzgamiento de los enemigos de nuestro pueblo, que son también los El justo reclamo de Esther fue inmediatamente concedido. Y de tal modo, mientras los judíos allende de murallas de Susa descansaban y celebraban festividad el 14 de adar, los judíos de la ciudad estaban ocupados con la desagradable tarea de limpiarla de villanos y asesinos. Sólo al día siguiente descansaron y celebraron la grande y milagrosa salvación. Desde entonces, el décimo cuarto día de Adar, fue consagrado como festividad de Purim, para conmemorar el gran milagro de la salvación de nuestro pueblo y la caída del malvado Aman Fueron consagrados como eternas festividades que jamás serán abolidas, como días de banquete y de alegría, días de mutuos envíos de regalos y de obsequio a los menesterosos. Los judíos se comprometieron al mismo tiempo, a observar el ayuno de Esther el día 13 de Adar, o sea la víspera de Purim, para conmemorar los ayunos y oraciones de los judíos en aquel momento histórico y emular su arrepentimiento y culto con devoción.

Source: http://israeltellez.com/images/purim.pdf

Cystitis / lower uti / asymptomatic bacteriuria during pregnancy

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Fever 1793

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