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Prólogo
Las introducciones al pensamiento de Platón tienen una larga tradición. Des-de fines del Imperio Romano se han redactado tratados que tienen como fin tanto preparar como acompañar la lectura de la obra de Platón. Esa misma tarea se propone también este pequeño libro. Su meta es proporcionar una información relevante para tal lectura, ampliar los conocimientos ya adquiri-dos y orientar al lector en los problemas relevantes que surgen en el trato con los diálogos platónicos.
Si bien es cierto que existen muchos tratados acerca del pensamiento de Platón que se proponen este mismo objetivo, por lo general estas introduccio-nes han sido escritas específicamente para un público interesado y versado en filosofía. A diferencia de esta tendencia, en este libro he tratado de centrar la atención más bien sobre dos aspectos que podrían captar la atención de un público de carácter más general, interesado también en la historia y en la filología. Con este fin he considerado especialmente, por un lado, la vida y obra de Platón; por el otro, me he referido en largos pasajes a los aspectos literarios de los diálogos platónicos. He querido tratar la filosofía de Platón más desde el punto de vista de la historia de la filosofía que desde de un punto de vista puramente sistemático. De esta manera, he intentado utilizar la menor cantidad de presupuestos filosóficos que me ha sido posible. Quie-ra perdonar el lector instruido en filosofía si algunas explicaciones resulten demasiado elementales. En general, me he esmerado antes en presentar una gran cantidad de datos en relación a la obra platónica y en hacer entendibles en su abstracción sus distintas unidades temáticas, que en desarrollar una profunda interpretación acerca de la filosofía de Platón.
Nombraré explícitamente, a continuación, algunos temas que el lector podría esperar encontrar en este libro, pero que no aparecerán en él. 1. Solo en contadas ocasiones cito literalmente pasajes de Platón. El lector deberá, en ese caso, tener a mano una edición de sus diálogos para releer textos centra-les a los que yo haga referencia. Las citas cortas son dadas en el original griego transliterado, siendo acompañadas por lo general de una traducción. 2. No he centrado la investigación en diálogos individuales de la obra platónica, es decir, no me he referido solamente a un diálogo específico, desglosándolo e interpre-tándolo. Un análisis de tal tipo sería una complementación natural y nece-saria para el presente libro, pero habría aumentado en demasía su tamaño. 3. Por último, le l amará la atención al lector que me refiera más de alguna vez a preguntas abiertas de la investigación platónica sin tomar enfáticamen-te una posición al respecto. Muchas de estas preguntas son pasadas por alto. Este hecho me parece correcto y justificado en un libro de carácter introduc-torio. Las referencias a fuentes y a literatura secundaria deberían bastarle al lector para introducirse por iniciativa propia en tales problemas.
Por ningún motivo pretendo entregar en las siguientes páginas un pano- rama completo acerca de la filosofía platónica. Soy consciente de que la canti-dad de temas tratados podría haber sido más amplia: Sócrates, los sofistas, la relación de Platón con la poesía y el arte, con la matemática, la historia, el pi-tagorismo, la retórica. Estos y otros temas son solamente discutidos de forma marginal en las siguientes páginas o no aparecen en absoluto en el as. Me doy por satisfecho, sin embargo, si este libro logra ofrecer una primera orientación en la múltiple, fascinante y muchas veces intrigante obra de Platón. I
Biografía

Platón habla solo marginalmente de sí mismo en sus escritos filosóficos. Sin embargo, la Carta Séptima contiene excepcionalmente pasajes autobiográ-ficos explícitos (324b8-326b4, 337e3-352e2), en los que explica y argumenta a favor de su participación en la política de Siracusa. Si esta carta resultase ser original sería un valioso testimonio personal. Sin embargo, la controversia acerca de su originalidad aún sigue vigente1. Este problema se solucionaría si se comprobase que esta carta fuese la obra de un alumno o un seguidor que la habría usado como artificio para proteger el recuerdo del maestro de posibles ataques. Sin embargo, igualmente en ese caso se trataría de un an-tiguo testimonio apologético de corte biográfico, que la convertiría en una importante fuente biográfica.
Después de la muerte de Platón, surgieron en el círculo de sus alumnos escritos apologéticos de contenido biográfico (los llamados “encomios”). Se sabe de encomios escritos por Espeusipo, Clearco y Aristóteles. Escritos de si-milar tipo redactaron también Jenócrates, Hermodoro, Filipo de Opus, Erastos y Asclepiades. Al mismo tiempo, surgió una corriente interpretativa acerca de la obra Platón, iniciada por Aristóxenos de Tarento, de naturaleza crítica, incluso hostil. Aunque toda esta literatura no ha llegado a nuestras manos, sirvió, sin embargo, como material para la rica tradición de la posterioridad. Alrededor del anciano filósofo se levantaron leyendas, pero también calum-nias e historias burlescas. Incluso la información respecto de Platón presente 1 Un listado acerca de la rica literatura respecto de este tema se encuentra en Thesleff, [112] pag. 201 nota 70. Importantes representantes de la posiciones contrarias son L. Edelstein, Plato´s Seventh Letter, Leiden 1966 (en contra) y K. v. Fritz; Platon in Sizilien und das Problem der Philosophenherrschaft, Berlin 1968 (a favor). La investigación del estilo (estilometria) ha producido contradictorios resultados respecto de este punto.
en los escritos de Aristóteles puede ser puesta en duda, dado que la primera época de la vida y del pensamiento de Platón no le fueron del todo conocidos a Aristóteles, lo que llevó a que aquella época se volviese fácilmente para el filósofo en objeto de especulaciones. Durante el helenismo surgieron escritos biográficos que representan, en parte, el trabajo erudito y empírico de filólogos. La tendencia hostil en contra de Platón persiste también en aquella época2. De ese tiempo se ha conserva-do, aunque de manera fragmentaria, el escrito de Filodemo de Gadara acerca de la Academia, redactado sobre dos papiros herculinos3. La mayoría de las biografías conservadas fueron escritas por medio y neoplatónicos. En éstas se habla de Platón como el fundador casi divino de la escuela e, incluso, de la filosofía misma. Se trata de las siguientes obras: Apuleo, De Platone et eius dogmate, 1, 1-4 (segunda mitad del s. II d. C.)4; Diógenes Laercio, Vitae philoso-phorum, libro 3 (s. I I d. C.; representación neutral con abundante fuentes)5; Olimpiodoro, Prefacio al comentario del Alcibiades (s. VI d. C.)6, Anónimo, Prolo-gema ad Platonis philosophiam, cap. 2-6 (s. VI d. C.)7. 2 I. Düring, Herodicus the Cratetean. A Study in Anti-Platonic Tradition, Estocolmo 1941.
3 No se conoce el título de este texto; antiguamente se hablaba del Academicorum index Her- culanensis. En la nueva edición de Konrad Gaiser [100] se denomina Academica a este texto.
4 Ed. por P. Thomas, Apulei Opera III, Leipzig 1908.
6 Ed. por L. G. Westerink, Amsterdam 1956 (Olympiodorus, Commentary on the First Alcibiades 7 Ed. por L. G. Westerink, Amsterdam 1962 (Anonymous Prolegomena to Platonic Philosophy).
2. datos principales en la vida de Platón 428/7 a. c. (o un año antes)Nacimiento. La academia celebraba en el séptimo día del mes Targelión el cum-pleaños de Platón durante el Imperio Romano. Este día era considerado como el cumpleaños de Apolo, y, seguramente, pasó a ser considerado como el cum-pleaños de Platón debido a que, según una leyenda, Apolo era el padre de aquél.
407 a. c.
Incorporación al círculo de seguidores de Sócrates.
399 a. c.
Estadía en Megara (donde Euclides) después del proceso y ejecución de Sócrates.
395-4 a. c.
Servicio Militar en la guerra contra Corintio.
alrededor de 387, probablemente el 389-8 a. c.
Primer viaje a Sicilia (Talento, Siracusa, ¿Cirene?, ¿Egipto?). Amistad con Archi-tas y Dión. Posteriormente, fundación de la Academia en Atenas.
367 a. c.
Aristóteles se convierte en miembro de la Academia.
367-6 a. c.
Segundo viaje a Sicilia (donde Dionisio II de Siracusa).
361-0 a. c.
Tercer viaje a Sicilia.
Platón provenía de una familia noble y de fortuna. Se sabe poco acerca de su padre, Aristón. Éste murió temprano, tras lo cual su madre Perictione volvió a casarse. Platón se sentía especialmente unido a la familia materna, la cual ha-bía jugado un importante rol en la política en el bando oligarca. Un árbol ge-nealógico8 de la familia de Platón podría configurarse de la siguiente manera: Cármides Perictione
Aristón
Algunas de estas personas son nombradas en los diálogos o incluso par- ticipan en éstos. Cuando sucede esto, sin embargo, Platón no hace referencia en ningún lugar al hecho de que se trate de parientes. Puede decirse lo si-guiente respecto de algunas de estas personas: DRÓPIDES (Tim. 30e1-3) era amigo de Solón, siendo nombrado frecuentemente en las poesías de aquel. Se supone que a través de él y de Critias I (Tim. 20e3), fue transmitida la his-toria de Atlantis en la familia. CALESCRO (Carm. 153c, Prot. 316a) era miembro de la asamblea oligárquica de los cuatrocientos en el año 411. CRITIAS II era 8 J.K. Davies, Athenian Propertied Families, Oxford 1971, 325ss., y tabla I. W. Welliver, Character, Plot and Thought in Plato´s Timaeus-Critias, Leiden 1977, Appendix A. Allí se indica literatura una persona muy instruida, poeta y prosista, siendo miembro activo además del círculo alrededor de Sócrates. En el año 404 se convirtió en la personali-dad clave de los “treinta” oligarcas, siendo responsable del terror comenzado por éstos. Participa en los diálogos en Carm., Prot., además de ser el narrador del mito de Atlantis al comienzo del Timeo y del Critias9. CÁRMIDES (perso-naje central del Cármides; además es nombrado en Prot. 315a, Simp. 222b, Ax. 364a, Teog. 128d) fue también miembro de los “treinta” oligarcas. GLAUCÓN y ADIMANTO, hermanos de Platón, dialogan con Sócrates en la República y en el Parménides; en el Simposio, solamente uno de ellos, Glaucón, participa en el diálogo. Adimanto es nombrado también en Apología 34a, Glaucón en Simposio 172c. Un tal ADIMANTO (al parecer, nieto del hermano) aparece en el testamento de Platón (Diógenes Laercio 3, 41). ESPEUSIPO, sobrino de Platón, fue su sucesor en la dirección de la Academia. PIRILAMPES, su padre político (Carm. 158a; Gorg. 481d, 513b) era demócrata en cuanto a tendencia política. DEMOS (Gorg. 481d) fue el hijo de éste. ANTIFÓN, hermano político de Platón, es el narrador en el Parménides. Todos los testimonios acerca de los primeros veinte años de la vida Platón pa-recen ser de carácter legendario. Aquí nos referiremos solamente a aquellos más característicos y difundidos. Poco después de la muerte de Platón se na-rraba ya que Apolo habría sido su verdadero padre10. Sobre los labios del infan-te se habrían posado abejas que habrían traído miel, premonición que habría anunciado su grandeza como escritor11. Su nombre, como se cuenta, era en realidad Aristócles. “Platón” sería un apodo que habría recibido de parte de su profesor de gimnasia, Aristón de Argos, debido a su amplio pecho (o también 9 Esto se ha puesto en duda debido a motivos cronológicos, por lo que se ha hecho uso de un Critias más antiguo. Véase, en todo caso, D. Fehling, Die sieben Weisen und die frühgriechi- sche Chronologie, Bern 1985, pag. 111ss.
debido a su amplia frente o escritura)12. Como miembro de la oligarquía, fue instruido en cursos musicales, redactó poesía de todos los estilos, sobre todo tragedias, quemando posteriormente todos sus versos, para dedicarse final-mente a la filosofía. La influencia de Sócrates, según algunos testimonios, fue determinante en esta decisión según algunos testimonios13. Aristóteles nom-bra un maestro filosófico anterior a Sócrates: Crátilo, el seguidor de Heráclito, que sería, más tarde, personaje central de un diálogo platónico14. 5. en el círculo de alumnos de Sócrates Platón se unió a los veinte años15 al círculo de Sócrates, cuya personalidad y filosofía influirían de manera tan profunda sobre él, que le convertiría, posteriormente, casi siempre en personaje central de sus diálogos o, al menos, en testigo de su actuar filosófico. Los testimonios respecto de esta época parecen ser también de carácter legendario, tal como, por ejemplo, la historia de una opinión vertida por Sócrates acerca de un diálogo plató-nico16. El proceso en contra de Sócrates parece haber sido, para Platón, el único motivo para mencionarse en sus escritos filosóficos: según Apol. 34a y 38b, él mismo estuvo presente en este proceso, ofreciendo dar una suma punitoria para salvar a Sócrates. No estuvo presente, sin embargo, cuando Sócrates bebió la cicuta, por encontrarse enfermo (Fed. 59b). Platón pasó una temporada después de este suceso en Megara donde Euclides, otro se-guidor de Sócrates. Esto no debe entenderse como un distanciamiento de la ciudad natal; ya que regresó al poco tiempo tras un l amado de Atenas a servir en la guerra contra Corinto. Con Euclides, que había sido fuertemen-te influenciado por el eleatismo, mantendría una relación de amistad; que Platón le convirtiese luego en el narrador del diálogo en el Teeteto puede 14 Aristóteles Met. A6, 987a32ss.; M4, 1078b7ss.; K.Gaiser, Name und Sache in Platons Kratylos, entenderse como reflejo de esa relación. Platón investigó, al parecer, la doctri-na del ser de Parménides junto a él, siendo éste el punto de partida esencial para la posterior doctrina de las ideas.
Platón se perfila como un filósofo con identidad propia en la década del 390, cuando él y otros alumnos de Sócrates comienzan a escribir diálogos socráticos. En éstos se muestra al maestro desde diferentes puntos de vista, produciéndose, de esta manera, controversias entre los discípulos, polémica cuyas huellas permanecen hasta el día de hoy. En esa época Platón parece haber entrado en controversia con Antístenes.
Llama la atención cierta posición por parte de Platón frente a la política en esta fase de su vida. Respecto de este tema habla en la Carta Séptima (324b8-326b4). Según lo al í dicho, había pensado, en un principio, participar en los asuntos públicos siguiendo la tradición familiar, y, al tener lugar la revolución de los oligarcas en el 404, en la que parientes cercanos tomaron el poder, fue l amado a participar en ésta. Sin embargo, se mantuvo escéptico respecto de ese nuevo proceso, pudiendo observar rápidamente y con consternación el ad-venimiento del terror político. También su amigo y maestro Sócrates se tornó objeto de amenazas. Con la reinstauración de la democracia volvió a pensar en dedicarse a la actividad política. Sin embargo, justo en ese momento se levan-taron cargos en contra de Sócrates. No obstante, incluso esa fuerte impresión no logró un cambio de postura inmediato en Platón. Solamente después de un largo proceso de reflexión l egó a la conclusión de que la política estaba tan corrompida, que una actividad directa de su parte en este ámbito no tendría sentido. Finalmente, optó por un repliegue definitivo en el seno de la filosofía, una decisión nada de fácil teniendo en cuenta la posibilidad real de aspirar a una carrera pública l ena de honores. Sin embargo, esta decisión guardaba concordancia con sus nuevas concepciones filosóficas. Según éstas, la filosofía podría incrementar la calidad de la política, si los filósofos tomasen en sus ma-nos la dirección de el a (algo que sería, como Platón especifica, un milagro de los dioses) o si los políticos se convirtiesen en filósofos.
Otro desarrol o cultural de la época parece haber l amado también la atención de Platón, a saber, el establecimiento de la escuela de Isócrates. Ésta dio lugar, teniendo como punto de partida la importancia otorgada a la retórica por los sofistas, a una idea de educación que pretendía capacitar para actuar de manera efectiva frente al público en la democracia, estableciendo, desde aproximadamente el año 390 en adelante, una especie de escuela, una institución de nivel superior. Platón habría de responder al establecimiento de esta escuela un par de años después con la fundación de la Academia. Platón tenía “cerca de cuarenta años” (Carta VII, 324a6) cuando emprendió un viaje para el que no parecían existir motivos específicos. Lo más probable es que se tratase de un viaje de “formación”. El viaje lo llevó, en primera instancia, al sur de Italia. Platón selló allí amistad con el pitagórico Architas en Tarento. Parece también haber estado en Locroi, donde vivía el pitagórico Timeo (el personaje central en el diálogo del mismo nombre). La relación con los pi-tagóricos, que gozaban de una fuerte posición en la política de las ciudades del sur de Italia, parece haberse dado gracias a la amistad con alumnos pita-góricos de Sócrates, como Simias y Cebes (que aparecen en el Fedón). Platón fue testigo, en la Magna Grecia, de la célebre y lujuriosa vida de los griegos colonizadores que allí vivían. Acostumbrado, como ateniense, a un estilo de vida humilde y frugal, esta manera de vivir le causó repugnancia, definiéndo-la luego como causa de la inestabilidad política que allí tenía lugar (Carta VII, 326b-d). Esta opinión la compartían también los pitagóricos y logró reforzar el estilo de vida estricto, casi ascético, que Platón ya llevaba. Acto seguido, viajó a Siracusa, donde regía el tirano Dionisio I. También aquí tuvo Platón acceso a los más altos círculos, aunque los testimonios acerca del trato con Dionisio mismo, a quien criticó de manera furibunda, son de carácter legendario17. Fue decisiva, por otra parte, su amistad con el casi veinteañero Dión (Carta VII, 327a), el cuñado del rey, quien hizo suyas, deslumbrado, las ideas filosóficas y políticas de Platón. Éste interpretó esta relación, posteriormente, como un Éros filosófico18, tal como está descrito en el Fedro. 18 Como se encuentra en el epigrama de la muerte de Dión, el cual, al igual que la Séptima Carta, se sospecha que es espurio, aunque es hasta cierto punto defendible. En todo caso, Es posible que Platón haya tenido contacto con cultos mistéricos propios de las comunidades órficas y dionisíacas en la Magna Grecia, en los que se cultivaba tanto una creencia en el más allá como ideas míticas acerca del juicio después de la muerte. Platón pudo haber sido inspirado por estas ideas para la creación de sus mitos sobre el más allá. Este tipo de religión no gozaba, en todo caso, de tan amplia difusión en la Grecia materna como allí.
Algunas fuentes hablan también de visitas de Platón a Cirene (al í vivía el matemático Teodoro, a quien Platón conocía de una visita que éste había hecho a Atenas y quien aparece como personaje en el Teeteto) y a Egipto. Respecto de estos testimonios, prevalece la fuerte sospecha de que serían de carácter legendario. El que haya estado en Persia es totalmente invero-símil. Polémicos son también los testimonios de su vuelta a Atenas: habría l egado a hacerse tan poco querido por Dionisio I que éste le habría hecho vender por los espartanos en el mercado de esclavos de Egina (que estaban en guerra con Atenas). Según este relato, habría sido comprado posterior-mente por un tal Aníceris de Cirene y dejado en libertad después de que revelara su identidad19.
Testimonios dignos de confianza aseguran que Platón fundó la escuela – para la cual se haría usual el término “Academia” – poco después de haber vuelto de su primer viaje a Sicilia20. Característico de esta escuela era la educación la mayoría de los epigramas transmitidos bajo del nombre de Platón son indudablemente falsificados. Textos: Anthologia Lyrica Graeca ed. E. Diehl / R. Beutler, fasc. 1, Leipzig 1949, pags. 102-110; Epigrammata Graeca ed. D. L. Page, Oxford 1975, pags. 47-55; D. L. Page, Further Greek Epigrams, Cambridge 1981, pags. 161-181 (Comentario, ahí hay más literatura secundaria). El Epigrama de Dion griego-alemán, en: Die griechische Literatur in Text und Darstellung, Bd. 3, ed. por H. Görgemanns, Stuttgart 1987 (Reclams UB), pags. 40-41. Ver también pag. 150.
19 Para una defensa de esta interpretación, véase K. Gaiser, Der Ruhm des Annikeris, en: Fs. R. Muth, Innsbruck 1983, pags. 111-128.
20 H.-I. Marrou, Geschichte der Erziehung im klassischen Altertum, Freiburg/München 1957, pags 103-105. H. Herter, Platons Akademie, Bonn 1952 (Bonner Universitätschriften 4). J.P.Lynch, Aristotele´s School. A Study of a Greek Educational Institution, Berkeley 1972, pags.54-67.
de un grupo determinado de jóvenes, a quienes se les ofrecía una formación a lo largo de varios años por medio del “trato directo” (synousía) con Platón. No se sabe nada seguro acerca de la organización y estructura de las lec-ciones. Se ha sostenido que el curso de formación mostrado en la República correspondería a la práxis de la Academia. Sin embargo, es muy probable que la educación fuera más bien individual y flexible. En todo caso, dentro de lo que se sabe, se puede decir con cierta seguridad que en la Academia se daba gran importancia a las matemáticas21. La fama de Platón y la fuerza de su personalidad deben haber sido ya en ese entonces tan grandes, que su academia atrajo a oyentes de toda Grecia. Es evidente que Platón quiso sentar, por medio de la fundación de la Academia, un contrapeso a la escuela de Isócrates. Estas dos instituciones fueron parte de los primeros estableci-mientos de educación superior en Grecia, estableciéndose de esa manera la oposición entre retórica y educación filosófica que atraviesa toda la historia de la educación de la antigüedad. La relación entre Platón e Isócrates era distante, aunque no hostil. Evitaron hacer de la polémica que sostuvieron un asunto personal22. Platón fue quizás motivado a la conformación de su escuela por el grupo de amigos pitagóricos que había conocido en el sur de Italia. Consideraba a los participantes como “amigos” (phíloi) y “compañeros” (hetaîroi), evitando cualquier tipo de lucro. Al aristócrata le parecía reproba-ble una actividad motivada por dinero, rechazando respecto de los bienes del alma, como puede seguirse a partir de numerosos pasajes de los diálogos, cualquier tipo de compra o venta. Es sabido, sin embargo, que recibía espo-rádicas donaciones por parte de amigos ricos. El objetivo de las lecciones era capacitar a los jóvenes para estructurar su vida a partir de los funda-mentos dados por la filosofía platónica. Esa vida podía l egar a ser, en todo caso, aquel tipo de vida práctica-política que Platón había rechazado para sí mismo. Abundantes testimonios dan cuenta de miembros de la Academia 21 El hecho de que sobre la entrada a la academia se encontraba la frase: “Nadie ha de entrar que no haya practicado geometría” (Medeís ageométretos eisíto), aparece recién en autores desde el siglo IV d. C. en adelante, cuando los antiguos edificios ya habían desaparecido.
22 Platón alaba incluso, en el Fedro (279a), aunque de manera contenida, a Isócrates, a no ser que este pasaje se entienda de manera irónica.
que l egaron a ser importantes hombres de estado23. La Academia se man-tuvo lejos, sin embargo, de cualquier inmiscusión en la política de Atenas (a diferencia de la escuela de Isócrates)24.
Platón desarrol ó su propio concepto de “filosofía”, probablemente a partir de su relación con la actividad docente. Las palabras philósophos, philosopheîn, philosophía se habían convertido en parte del lenguaje común a partir de los sofistas (segunda mitad del s. V a. C.), siendo empleadas para referirse a la ac-tivación de intereses del espíritu y, en particular, a un tipo de aprendizaje y dis-cusión que no seguía un fin determinado, sino una formación de tipo general. Platón le otorgó un nuevo sentido al concepto al vincularlo con una especial for-ma de ejercicio teórico que él mismo ejercía, dejando valer solo aeste ejercicio como “verdadera” filosofía. Las etapas de la determinación conceptual de este término pueden seguirse en Fedón, Simposio y República. La gente de la época conservó, sin embargo, el significado antiguo y general de este concepto. Por esta razón, pudo también Sócrates l amar a sus propias lecciones retóricas phi-losophía (siendo éstas, naturalmente, de carácter superior al resto)25. Solamente después de Platón se impuso el nuevo significado platónico de este concepto.
Platón ofrecía sus lecciones en un distrito sagrado, similar a un parque, fue- ra de las mural as de la ciudad y ubicado al noroeste de Atenas, denominado Hekádemos (después Akádemos), Hekadémia ( o Akadémia)26 – de acuerdo con el héroe al í venerado –, en el que se encontraba un gimnasio público (según nuestra actual concepción, un centro deportivo). Platón empleaba probable-mente salas de este gimnasio para sus lecciones, aunque reunía a sus alumnos también en las afueras de éstas, donde se encontraba una Exedra (un grupo semicircular de asientos de piedra). Tiempo después, erigió un altar para las “musas” (Mouseîon) en este distrito, que se convertiría en un lugar central de 23 A. Wörle, Die politische Tätigkeit der Schüler Platons, Göppingen 1981.
24 Platón justificó esta idea en la Carta Séptima (331c-d) con la especial piedad que se le mues- tra a los padres, aún cuando se encuentren en el camino equivocado.
25 La historia conceptual de philosohía antes y después de Platón se encuentra documentada en M.Kranz, [21], tomo 7. Pags. 573-583. K. Albert, Zum Philosophiebegriff Platons, Gymnasium 26 Cicerón se refiere al lugar en De fin. 5, 1-4. Respecto de las hallazgos arqueológicos: J. Travlos, Bildlexikon zur Topographie des antiken Athen, Tübingen 1971, pags. 42-51. Dictionanaire des philosophes antiques, ed. por R.Goulet, tomo I, Paris 1989, pags. 693-787.
enseñanza para su círculo. Además, Platón parece haber sido propietario de un “jardín” (kêpos) afuera del recinto de la Academia, donde tenía una casa privada27.
De la vida en común en la Academia se conocen pocos detalles. La anti- guamente difundida suposición, según la cual la escuela habría tenido como comunidad legal el carácter de una asociación de culto de las musas28, no puede continuar siendo sostenida. Sin embargo, mucho habla a favor de que la filosofía fuera entendida en la Academia como un servicio religioso y que en encuentros y fiestas se celebrasen tradicionales ritos de ese tipo. Se lleva-ban a cabo comidas y banquetes en comunidad, algunas veces con importan-tes invitados y se hacía hincapié en que aquellas reuniones sirviesen también para la formación de los alumnos. Este tipo de reuniones sirve de telón de fondo para la “literatura de banquetes”, que comienza con Platón. Tres alum-nos de Platón (Espeusipo, Jenócrates y Aristóteles) escribieron “Reglas para Banquetes” (Nómoi sympotikoí). Estas veladas eran, al parecer, un importante momento en la educación de los alumnos. Las lecciones no eran dadas en su totalidad por Platón. Talentosos alum- nos jóvenes daban lecciones en diversas materias. Aristóteles tenía a su car-go, por ejemplo, los cursos de retórica. Los estudiantes podían esperar, a pesar de la actitud crítica de Platón frente a la retórica, cursos en esta disciplina, dado la importancia de ésta en la vida cotidiana de Atenas. Famosos invita-dos como por ejemplo el matemático, astrónomo y filósofo Eudoxos de Cni-dos29, complementaban la oferta docente. Una discutida pregunta es si acaso Platón enseñó en la Academia además de la filosofía presente en sus diálo-gos una doctrina esotérica, a saber, la actualmente discutida “doctrina de los principios”30. Por otra parte, en el famoso fragmento de una comedia de Epi-crates encontramos una ilustrativa, aunque caricaturesca, imagen de la en-señanza en la Academia, en la cual Platón, al intentar dar la definición de un 27 J. Dillon, What Happened to Plato´s Garden?, Hermathena 134, 1983, 51-59.
28 Thíasos mouson. Así, por ejemplo, U. v. Wilamowitz-Moellendorf, Antigonos von Karystos, Berlin 1881 (Philologische Unters. 4), Exkurs 2: Die rechtliche Stellung der Philosophenschul- en. Además: P. Boyancé, Le culte des Muses chez les philosophes grecs, Paris 1937, pag. 261-2. J.P.Lynch ha elevado, en último tiempo, graves objeciones respecto de esta tesis. 29 F. Lasserre, Die Fragmente des Eudoxos von Knidos, Berlin 1966, pags. 137 – 146. zapallo, emplea el arte dialéctico con paciencia pedagógica en el jardín de la Academia31. Muchas veces se ha discutido acerca de qué similitudes existirían entre la Academia de Platón y la actual concepción de universidad y sociedad culta. Los humanistas (desde Marsilio Ficino en adelante) emplearon para ins-tituciones que se oponían a la universidad escolástica el antiguo nombre de “academia”. También desde el punto de vista actual parece correcto decir que la concepción fundamental de un centro intelectual con vívido intercambio de ideas, en el que el estudiante debe madurar hasta alcanzar la independen-cia de pensamiento, ha entrado con Platón en la historia cultural de Europa.
8. el segundo y el tercer viaje a Sicilia32 Al morir Dionisio I en el año 367, subió al trono como tirano su hijo Dionisio II. Al ver Dión la oportunidad de comenzar una reforma política basada en el pensamiento platónico, invitó apremiantemente a Platón para que intentase con todo el prestigio de su personalidad ganar influencia pedagógica sobre el joven monarca. También Dionisio mismo quería conocer en persona al famo-so filósofo. Platón narra en la Carta Séptima sus largas vacilaciones respecto de colocarse en una situación tan delicada: si bien había reconocido las po-cas posibilidades de éxito de tal proyecto, se sintió en obligación frente a sus amigos de aceptar la proposición para no tener que avergonzarse de sí mis-mo, puesto que un rechazo significaría considerarse a sí mismo como “solo palabras”, como un hombre que nunca habría emprendido la acción (328a). Como es sabido, este intento no tuvo un final feliz. La posición de Dión no se fortaleció, sino que se debilitó con la visita de Platón, teniendo que buscar el 31 Epikrates Fr.10 Kassel-Austin. Como dato anexo vale decir que, en comedias de la época, se encuentran 17 fragmentos que se refieren a Platón. K. Gaiser, Ein Komödienwitz über Platon, en Musa iocosa, Fs. A. Thierfelder, Hildesheim 1974, pags.62-67.
32 Los acontecimientos en Siracusa son expuestos, además de en la Séptima Carta., en las na- rraciones de los historiadores: por ejemplo, la Biografía de Dión de Plutarco. De la literatura moderna son destacables: H. Berve, Dion, Abhandlung der Mainzer Akademie der Wissens-, Gei- stes- u. Sozialwissenschaften. Kl. 1956, 10 (la investigación histórica estándar). H. Breitenbach, Platon und Dion. Skizze eines ideal-politischen Reformversuches im Altertum, Zürich/Stuttgart 1960 (Lebendige Antike); además, la literatura acerca de la Séptima Carta, veáse nota 1.
exilio. Dionisio se instruyó en la filosofía platónica, pero más por motivos de prestigio que por real interés. Dentro de este marco es posible sostener que para Platón significó un feliz acontecimiento obtener finalmente el permiso para volver a casa, en un momento en el que Dionisio estaba demasiado ocu-pado en una guerra local para dedicarse a deliberaciones filosóficas.
Algunos años después, Dionisio invitó a Platón a que viajara nuevamente a Sicilia, pues ahora sí estaría seriamente dispuesto a instruirse en la filosofía pla-tónica. Sin embargo, también le dio a entender (casi como chantaje) que Dión se vería en aprietos (seguía en el exilio por ese entonces), si no venía. Los ami-gos pitagóricos también insistieron en esta idea, por cuanto esperaban, de esta manera, que su propia situación política se viese fortalecida. Platón se doblegó frente a esta presión. Trató de convencerse de que una verdadera conversión de Dionisio sería posible (339e-340a). Además, el interés filosófico de éste se habría manifestado en la invitación que había hecho a Esquines y Aristipo para que se quedaran en su corte, ambos alumnos de Sócrates, pero no particular-mente amigos de Platón. Platón fue recogido por un barco de guerra, l evando consigo a sus alumnos Espeusipo y Jenócrates; en cierto sentido, se trataba de una delegación de la Academia. En cuanto arribó, intentó, por medio de una conversación filosófica en la que debía “poner a prueba” a su nuevo alumno (340b: peîra), sacar a la luz el grado de veracidad de la aparente conversión de éste. Pero Dionisio no estaba ni dispuesto a seguir un pedregoso camino de aprendizaje, ni a l evar a cabo cambios en su lujuriosa vida. Tampoco se cumplió lo prometido en torno a la rehabilitación de Dión. Platón sintió, por último, que su propia vida comenzaba a correr peligro. Pudo enviar, sin embargo, una carta a Arquitas en Tarento, y quien logró sacarle de Siracusa por medio de presión di-plomática. Después de que la misión de Platón hubiera fracasado, Dión decidió tomar la iniciativa para reconquistar violentamente el trono político ocupado por Dionisio. Platón se opuso a esta idea, pero guardó silencio, aceptando que miembros de la Academia se uniesen a las tropas de Dión. Siguieron a estos hechos una invasión y acciones que casi desembocan en una guerra civil. Dión se convirtió en rey de Siracusa, derribando de su trono a Dionisio. Parecía estar en camino de establecer un nuevo sistema de gobierno, cuando fue asesinado por Calipo, un miembro rival de su propio partido.
Los eventos de Siracusa significaron un gran peso emocional para Platón. La Carta Séptima, dirigida a los amigos sin líder tras la muerte de Dión, da la impresión de ser una “carta abierta”, que pretendía presentar de manera clara los hechos. La carta parece estar dirigida especialmente a la opinión pública, que le había adjudicado motivos poco nobles en su actuar en Siracusa. Pla-tón se vio en la necesidad de reconocer que se había equivocado fuertemente tanto en su juicio acerca de los hombres como acerca de la política. Su intento de pasar de los ámbitos protegidos del “discurrir filosófico”, del lógos, a los de la “acción”, del érgon, había sido un error que había terminado con derrama-miento de sangre y con la vida de un amigo, comprometiendo a su filosofía y a su escuela en la esfera pública. Que un miembro de la escuela matase a otro fue un escándalo que significó ciertamente un deleite para sus enemigos. Más al á de esto, es necesario preguntarse si el comportamiento de Platón está en concordancia con su doctrina ética y política, y si las metas político-constitu-cionales de Dión eran las de un platónico. El primer punto puede ser afirmado con seguridad. Platón siguió la concepción de teoría y praxis que había desa-rrol ado en la República: el filósofo debe ser obligado, después de un tiempo de formación y de estudio, a entrar en la vida política y a aplicar su conocimiento para incrementar el bien común33. En todo caso, no intentó adoptar ni para sí mismo ni para Dionisio I o Dión, el rol del rey filosófico de la República, es decir, el de dictador reformador. Más bien, se vio a sí mismo (o también a Dión) como legislador filosófico, que aconsejaría a un tirano en la creación de un estado re-lativamente bueno. Este pensamiento es desarrol ado en Leyes (IV, 709e-712a) y se corresponde con su concepción de consejero supervisor. En lo que concierne a los planes de reforma, que no son conocidos en detal e (Dión fue asesinado cuando recién comenzaba el trabajo en la nueva constitución), puede decirse que no se trataba ni de la realización del estado de la República, ni tampoco del estado de las Leyes, sino sólo de una reforma en la que debían tenerse en consideración estructuras y derechos históricamente dados. La nueva consti-tución se concibió como una especie de constitución mixta34, un concepto que 34 Esto puede concluirse también a partir de la Carta Octava de Platón, contra la que, sin em- bargo, se elevan más objeciones que contra la Carta Séptima en cuanto a su originalidad.
es desarrol ado, de la misma manera, en Leyes (I I, 691ss.; IV, 712). Tales pla-nes no pueden ser juzgados de antemano como poco realistas; sin embargo, ni Platón ni Dión mostraron suficiente capacidad de juicio y sagacidad para convertirlos en realidad política.
No se conocen acontecimientos importantes de los últimos años de la vida de Platón. Al parecer, trabajó mucho tiempo en las Leyes. Éstas se encontraron al momento de su muerte en forma de manuscrito inconcluso35. La decepción ocasionada por la estadía en Siracusa no había debilitado, como es visible, su interés por preguntas políticas. Después de su muerte fue enterrado en el terreno de la Academia. Su testamento se encuentra trascrito en Diógenes Laercio 3, 41-43. Espeusipo, su sobrino y miembro de la escuela, se convirtió en su sucesor en la dirección de la Academia.
A partir de los testimonios biográficos es posible obtener una imagen de Pla-tón que, aunque no sustituye aquella que puede obtenerse directamente de la lectura de sus obras, significa, sin embargo, un valioso complemento de aquéllas. Platón aparece en esos testimonios como un hombre de origen no-ble, como un aristócrata orgulloso y consciente de su linaje. No siguió, como podría haberse esperado, una carrera política, en cuanto no quiso partici-par de los problemas propios de la vida pública. Sin duda, el hecho de haber conocido a Sócrates y el enorme impulso para pensar acerca de problemas éticos generados por esta experiencia, fueron factores importantes en esta decisión. Sin embargo, otros rasgos propios de su carácter parecen haber ju-gado también un papel determinante en esa decisión, sobre todo una cierta disposición a no asumir lo establecido y a no comprometerse fácilmente. En 35 Véase más abajo, pag. 38, nota 50.
cierto sentido, el hecho de que pudiese dar forma en la Academia a un centro comunitario de orientación pedagógica, en el que él fuese el regente, pero en el que, sin embargo, también rigiese un respeto mutuo y libertad espiritual en la unión frente a un ideal de verdad36, le sirvió de consuelo frente a los fraca-sos en la vida pública. Frente a Atenas mantuvo una actitud crítica, oscilando siempre entre un sentimiento de unión leal y profunda hacia su ciudad natal, y una distancia casi temerosa frente a la actividad política. El lugar en el que se encontraba la Academia – afuera de la ciudad, en un ambiente casi rural – es significativo en este sentido. Los eventos de Siracusa, donde un Platón de sesenta años intentó influir nuevamente de manera práctica en la política, muestran las bondades de esta reservada disposición de vida.
La distancia de Platón frente a su entorno era de conocimiento general en Grecia. En comedias de la época era retratado como una conocida figura de la ciudad37. Su incomprensible doctrina del “bien”, del “uno y lo múltiple”, sus “conversaciones peripatéticas” (peripateîn) sin aparentes resultados, su “aspecto gris” (skythropázein), causaron más de una vez incomprensión en el pueblo: “como un caracol mueves festivamente las cejas hacia arriba”38, se dijo de él. Con todo, parece haber causado “reverencia” (semnótes)39, tanto que al visitar los Juegos Olímpicos del 360, donde se encontró con Dión, parece 36 Los rasgos autoritarios de Platón fueron trazados de manera excesiva por K. Popper [265] y H.Kelsen (Die Illusion der Gerechtigkeit. Eine kritische Untersuchung der Sozialphilosophie Platons, Wien 1985) ve el origen de estos rasgos en una determinación homosexual. La apli- cación de este concepto psicoanalítico no tiene sentido, por cuanto, de partida, tiene su origen en estructuras sociales en las que el homosexual es excluido de la sociedad. El amor homosexual tenía una significación social muy diferente en la Grecia antigua (H. Patzer, Die griechische Knabenliebe, Wiesbaden 1982, SB der Wiss. Ges. Frankfurt/ M. XIX 1). Platón llevó a cabo el culto aristocrático del “amor homosexual con mancebos“ ciertamente desde un punto de vista pedagógico, determinando este Eros seguramente la atmósfera en la Aca- demia. A éste Eros correspondía, sin embargo, respeto frente a los mancebos y responsabili- dad.- Acerca de la relación de Platón con mujeres no se conoce nada, lo que no permite, sin embargo, sacar conclusiones apresuradas. Entre los epigramas eróticos atribuidos a Platón (en parte, con mala intención, ver nota 18), además de algunos dedicados a muchachos, hay otros dedicados a muchachas y prostitutas (Nr. 2, 3, 8, 15 Diehl). En ningún caso se ha consi- derado abiertamente a Platón como “homosexual”.
39 Que Platón haya mostrado ya de niño tanta seriedad y autocontrol, que “nunca riese” (ge- lân hypepágan) (Diógenes Laercio, 3, 26; Swift Riginos Nr. 106), es ciertamente un exceso haber sido el centro de atención general. Su carisma relucía en el trato perso-nal, sobre todo con los más jóvenes. Tenía, al parecer, la capacidad de ejercer autoridad sin que ésta resultase opresora, y sin que ésta impidiese discutir abiertamente. De esta manera, por ejemplo, el joven Aristóteles logró alcan-zar ya en la Academia una gran independencia en su pensamiento, siendo to-madas en consideración tesis contrarias a las del maestro, como por ejemplo, la teoría del placer de Eudoxo.
Platón parece haber permanecido hasta el final de su vida activo y abier- to a nuevas ideas40. Aunque en su obra tardía, las Leyes, puedan encontrarse pasajes en los que parezca resignado y angustiado41, permaneció incólume, de todas maneras, en lo que parece haberle sido más esencial: el significado fundamental del pensamiento filosófico para el desarrollo ideal de la vida hu-mana. Es el logro de su vida haber pensado y vivido esta concepción con gran consecuencia, otorgándole a este tipo de pensamiento un lugar institucional, en el que se encontrase libertad y medios para el despliegue de las ideas.
40 Narración de sus últimos días por Filodemo, Academica col. 3, 34-43 y 5, 1-22.
41 Ley. VII, 803c-804b: “El hombre es meramente una marioneta, un juguete de los dioses”; I I, 691c-d: “Todo hombre es corrompido necesariamente si posee poder absoluto”.

Source: http://www.ieschile.cl/wp-content/uploads/2011/07/IES-Plat%C3%B3n.-Una-introducci%C3%B3n.pdf

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Jobir Ahmedovning turli yillardagi savollari “ZAKOVAT” INTELLEKTUAL KLUBI >> >> >> Jobir Ahmedovning turli yillardagi savollari. 2002 yil. 1-savol: Kongoda aholi uning 500 tasidan, Indoneziyada 250 tasidan, Sudanda esa 117 tasidan foydalanishadi. U nima? Javob: Til. 2-savol: Siverra narretis non opustis testibus. Qadimgi lotin aforizmiga ko‘r

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